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Policías junto al taxi la noche del crimen, en abril de 2010.
Diez años del crimen que conmocionó a toda Salamanca y... nos reveló su cara más negra

Diez años del crimen que conmocionó a toda Salamanca y... nos reveló su cara más negra

Se cumple una década del asesinato del taxista inocente que se vio sorprendido en mitad de un tiroteo por un ajuste de cuentas

Lunes, 11 de mayo 2020, 19:41

Hasta ese momento parecía que la delincuencia en Salamanca era cosa de unos pocos. La ciudadanía leía a través de la prensa, como si de obras de ciencia ficción se tratasen, los sucesos que se producían en la ciudad, historias cuyos protagonistas siempre eran viejos conocidos policiales y que parecían estar a kilómetros de distancia de los lectores. Sin embargo, la muerte de un inocente a finales de abril de 2010 hizo que la sociedad tomara conciencia de lo que estaba pasando de puertas para afuera y se echara a la calle para pedir más seguridad y, sobre todo, justicia.

El taxista, de 60 años, falleció en la madrugada del 27 de abril de ese año al verse envuelto en un ajuste de cuentas, pues recibió un disparo que iba dirigido al cliente que en ese momento transportaba. El terrible suceso se produjo a la una de la mañana cuando el chófer -que conducía un Citroën XSara Picasso- recogió al cliente en la calle Mayor de Chamberí. Apenas un minuto después, a su llegada al cruce con la avenida de Lasalle, a unos 300 metros, un vehículo de gran cilindrada y de color oscuro paró junto a él. Desde este coche se efectuaron una serie de disparos, uno de los cuales alcanzó al taxista en la cabeza, que murió horas después en el hospital Virgen de la Vega.

Tras el tiroteo, el autor de los disparos se dio a la fuga, al igual que el ocupante del taxi, y comenzó una ardua investigación para esclarecer “los violentos hechos”, tal y como los definió el por aquel entonces subdelegado del Gobierno. Salamanca se echó a la calle y el colectivo de taxistas se movilizó para exigir justicia por lo ocurrido.

No fue hasta siete meses después cuando la Policía desplegó un espectacular operativo que permitió la detención de J.M.G.B., de entonces 21 años; y de su madre en el mercadillo de Lalín (Pontevedra). Veinticuatro horas después se producían otros tres arrestos: el de Roberto G.A., el joven que presuntamente viajaba en el taxi como viajero y dos vecinos de Zamora, familiares de los detenidos en la localidad pontevedresa. Todos, a excepción del joven que abrió fuego, quedaron en libertad tras prestar declaración ante el juez.

De hecho, llegó la hora del juicio y tan solo el pistolero se vio imputado en la causa junto a su suegra, M.J.H.I., esta última por encubrimiento. La vista oral se celebró del 1 al 4 de julio de 2013 en la Audiencia Provincial de Salamanca, cuatro sesiones que generaron gran expectación y que aglutinaron en el céntrico edificio a una gran cantidad de periodistas y ciudadanos que quisieron acudir como público, lo que obligó a la Policía a reforzar la seguridad en la zona.

En su declaración el principal sospechoso, para el que la Fiscalía solicitó penas que sumaban 32 años de prisión, dio una versión exculpatoria y alegó que la noche del crimen no se encontraba en Salamanca sino en un club de alterne de Santiago de Compostela. El cliente del taxi, que declaró como testigo, tampoco le inculpó, pues ante el tribunal aseguró que no se acordaba de nada porque “iba completamente drogado”.

Sin embargo la sentencia no tuvo en cuenta estas declaraciones y las diferentes pruebas recabadas, principalmente el teléfono móvil que situaba a J.M.G.B. en el lugar del crimen, permitió al tribunal condenarlo a 29 años de prisión; mientras que su suegra fue castigada a dos años y cuatro meses. Pero en el momento de la celebración del juicio el delincuente se encontraba en libertad y aprovechó esta circunstancia para desaparecer antes de tener conocimiento de la sentencia. No fue hasta enero de 2014 cuando los agentes, tras pedir la colaboración ciudadana para localizarle, le sorprendieron en un gimnasio de Ponferrada (León). Opuso fuerte resistencia y llegó a fracturar a uno de los policías el tabique nasal.

De esta forma se puso fin a cuatro intensos años de investigaciones y al calvario de una familia que exigía justicia por la injusta muerte de una persona inocente.

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