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ENTREVISTA AL CANTAOR ISRAEL FERNÁNDEZ
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ENTREVISTA AL CANTAOR ISRAEL FERNÁNDEZ
«Salamanca es una gran ciudad porque aquí nació Farina. Es un público que se merece lo mejor»Hacía décadas que del flamenco no nacía una joya tan emergente. Israel Fernández (Corral de Almaguer, 1989) se ha ganado a pulso ser considerado el cantaor del siglo XXI. Es la certeza de que este género tan profundo y ancestral tiene un buen relevo generacional. Es el flamenco tradicional, pero también la contemporaneidad y la transgresión. Su humildad y la pasión con la que impregna todos los lugares por los que pisa le han llevado a lo más alto, a donde ha llegado abrazando fuerte a sus raíces y entrelazando tangos, bulerías, fandangos y soleás.
Hoy, a las 21:00 horas, este cantaor de 34 años, se sube al escenario del Centro de las Artes Escénicas y de la Música (CAEM) para, junto a Diego del Morao a la guitarra, presentar su nuevo proyecto de flamenco fusión y hacer un recorrido por gran parte de su repertorio, cargado de autenticidad y maestría.
Hablemos de su historia con la música. ¿Cómo empezó a cantar?
—Yo empecé a cantar cuando era muy chiquito. Apenas tenía cuatro o cinco años. El cante es algo que me ha acompañado toda la vida.
¿De dónde salió esa pasión por el cante?
—Yo siempre digo que, para sentir esa pasión, hay que nacer con ello. Luego también influye la infancia. Mi infancia fue una infancia flamenca. Toda mi familia canta y baila. Somos muy flamencos. También influye que soy de raza gitana.
En muchas de sus canciones, hace un tributo a su familia y, en especial, a sus padres. ¿Cómo le inspiraron para ser quien es hoy?
—En este último disco, quise hacer un autorretrato de mi persona, de mi familia y de mi infancia. Al final, ellos son los que han estado ahí desde que yo empecé a criarme.
¿Cómo es su tierra? ¿Cómo es Corral de Almaguer?
—Corral es un pueblo muy chiquito de Toledo. Es muy alegre. Tiene mucho viñedo y es muy bonito.
Es mucha la gente que le califica como promesa del flamenco. ¿Qué diría que es lo más fácil y lo más difícil de serlo?
—No te sabría decir. Yo creo que, en el caso del flamenco, lo más importante es sentir pasión por él, saber de dónde viene, tener información y, si te dedicas a él, ponerle todo el corazón y todos los sentimientos posibles.
¿Qué le gustaría aportar al flamenco?
—Frescura. Quiero que, en el día de mañana, me consideren un apostol más.
Uno de sus temas es 'Pura sangre'. ¿Qué tenía en mente cuando lo concibió?
—Cuando me surgió la idea, estaba viendo un documental sobre los planetas. De repente, cambié de canal y me salió el típico número al que se le envía un mensjae para ayudar a los niños de África que no tienen comida y agua. De ahí viene la inspiración de 'Pura sangre'. En nuestro planeta, nos gastamos verdaderas fortunas en buscar algo mejor que lo que tenemos y descuidamos lo que poseemos.
¿Cree que existe esa pura sangre en el flamenco?
—Sí. Claro que sí. Lo que está bien hecho y la pureza siempre ganan.
Si algo ha demostrado el flamenco ha sido su capacidad de transformarse, de enriquecerse y de enriquecer con los valores que han ido surgiendo. Siempre está en constante evolución. ¿Se valora lo suficiente?¿De qué estado de salud goza?
—Tiene una buena salud y se valora. Claro que sí. Muchos jóvenes lo escuchan. En el momento en el que tanto jóvenes como mayores lo escuchan, es porque algo se está haciendo bien. También creo que se puede hacer algo más por el flamenco. Necesita que se ponga, culturalmente, donde merece. Todo el mundo lo ama y a todo el mundo le transmite algo.
¿Qué le diría a toda esa gente que dice que el flamenco es un arte que pertenece a la cultura gitana?
—No. No es así. El flamenco es un género que se extiende por todo el mundo. No pertenece a ninguna raza y tampoco tiene un color determinado.
¿En qué se inspira Israel Fernández a la hora de componer una nueva canción?¿Quiénes han sido sus referentes desde que comenzó en este mundo?
—Me inspiro en lo que vivo. Siempre. También en lo que me gustaría que pasase. Mis referentes de toda la vida han sido La Niña de los Peines, Camarón y Paco de Lucía.
¿Cómo definiría el camino que ha recorrido hasta ahora?
—Es un camino que me ha hecho inmensamente feliz. Estoy contento por todo lo que la música y el público me están dando. Ahora toca seguir en la corriente de la música.
¿Cómo ha cambiado su vida desde entonces?
—Ha cambiado en que ahora viajo mucho más y en que estoy menos con mi familia, pero sigo siendo la misma persona. Antes no podía comprarme un helado y, ahora, puedo comprarme dos.
Si hay algo de lo que se peca ahora mismo en el panorama musical es de que, a veces, los artistas olvidan sus valores y dejan a un lado la humildad. ¿Cómo se mantiene esa humildad que tanto difunde en sus conciertos día a día?
—Se mantiene recordando de dónde se viene. Siempre hay que darle prioridad al lugar del que vienes, a tu familia, a tus amigos...
Siente tanta pasión por el flamenco que he escuchado que duerme con los cascos puestos... ¿Es verdad?
—Sí. Desde hace muchísimo tiempo. Ahora ya no puedo dormir sin cascos y sin escuchar flamenco. Para mí, es como una nana.
Por curiosidad... ¿Qué canta Israel Fernández en su casa?
—En casa, canto de todo, pero sobre todo canto soleás.
¿Qué supone para usted actuar en una ciudad en la que la cultura se vive tanto como lo es Salamanca?
—Salamanca es una ciudad muy importante porque allí nació Rafael Farina. Nació en Martinamor. Mis padres y mis abuelos siempre le han escuchado y yo también. Para mí, cantar en Salamanca es importantísimo. Me voy a entregar todo lo que pueda y más. Es un público que tiene mucha afición al flamenco y se merece un buen espectáculo.
Hablemos un poco de la regeneración del flamenco. Las nuevas voces del género vienen pisando fuerte... ¿Está en buenas manos?
—Absolutamente. Sí. El flamenco está en muy buenas manos. Hay muy buenos cantaores y muy buenos bailadores. Estoy muy feliz porque todos estamos en el mismo barco y vamos a buen puerto.
Usted siempre dedica sus actuaciones a los jóvenes. ¿Por qué?
—Por lo que he dicho antes. Los jóvenes le ponen amor a lo que escuchan.
¿Algún consejo para los jóvenes que se están iniciando en un mundo tan bonito como el del flamenco?
—El consejo que yo me aplico. Que escuchen mucho cante, que sean aficionados, que sepan de dónde vienen esos cantes y que no caigan en la repetición.
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