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Domingo, 8 de mayo 2022, 13:33
Europa revive momentos trágicos que pensábamos que habían quedado enterrados en el pasado con el fin de las dos guerras mundiales. La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha removido sentimientos olvidados, provocando el shock de todo un continente y, a la vez, una de las oleadas de solidaridad más importantes de los últimos años. Salamanca no ha sido ajena al sentimiento de protección a los damnificados por el conflicto.
A más de 4.000 kilómetros de los bombardeos, la capital y la provincia mantienen a salvo a los más de 325 refugiados ucranianos que han llegado a través de varías vías, ya que a las oficiales hay que añadir a las personas que han viajado por su cuenta con la ayuda de familiares y conocidos.
El éxodo sin precedentes que ha provocado el conflicto propiciado por el presidente ruso Vladimir Putin ha movilizado a 1 de cada 4 ucranianos. El Gobierno calcula que desde el comienzo de la invasión rusa han llegado a España unas 130.000 personas procedentes de Ucrania, de las que más de 86.000 tienen ya permisos de trabajo y residencia para permanecer en el país. Casi un 40 % de las personas desplazadas y acogidas son menores, según el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
En Salamanca capital están acogidas 137 personas, distribuidas en las instalaciones de Proyecto Hombre, en el Albergue Lazarillo y la Casa de los Sagrados Corazones ha puesto al servicio de la causa Caritas, además de los pisos y hoteles que tienen convenio con la asociación Accem. Esto en lo que respeta a la capital, pero en la provincia hay 19 súbditos de Ucrania en Cantalapiedra, 66 acogidos por Cruz Roja, así como 85 niños y 17 monitores en el colegio de Armenteros.
Además han sido varios los municipios que han ofrecido viviendas de acogida, como San Esteban de la Sierra, San Morales, Ledesma, Barruecopardo, Saucelle, Puebla de San Medel y Alba de Yeltes, entre otros. Según Mónica Puente, responsable de Accem en Salamanca, a finales de marzo el movimiento de refugiados fue importante en la provincia. Acababa de comenzar la guerra y tras organizarse, asociaciones, particulares y organizaciones se movilizaron para recibir a los damnificados.
“Todavía seguimos acogiendo a personas, pero a cuentagotas”, confiesa. A pesar del importante número de refugiados, Puente destaca que todavía quedan plazas disponibles de Accem en la capital. “Si no, les enviaremos donde nos diga el Ministerio de Inclusión”, aclara la responsable.
Todos los llegados a la provincia charra se encuentran en situación de “acogida de emergencia” con una adaptación notable a nuestra sociedad tras algo más de dos meses de estancia, en la mayoría de los casos. “Es cierto que tienen costumbres muy diferentes a las nuestras, pero tras salir de una situación tan dramática, como es la guerra, cuando llegan a Salamanca se sienten seguros y eso es un gran paso para su adaptación”, relata la responsable. Añade que la capital del Tormes sea una ciudad “pequeña y multicultural” también facilita su integración.
Según Mónica Puente, en este momento los niños ya están escolarizados, mientras los mayores aprenden español, fundamentalmente gracias a los profesores del Servicio de Lengua y Cultura Españolas de la Universidad Pontificia de Salamanca. Al mismo tiempo, ahora, y tras adjudicarles las tarjetas sanitarias, abordan los diferentes reconocimientos y revisiones sanitarias.
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