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Los kilos de amianto que están apareciendo bajo las piedras -literal- del viejo Hospital Clínico van a suponer un importante retraso en el derribo del edificio. Según los informes que la empresa encargada de estos trabajos ha transmitido a la Consejería de Sanidad el retraso va a ser de aproximadamente medio año.
El plan inicial para el derribo del Clínico calculaba unos plazos que oscilaban entre los seis y nueve meses. Dependiendo, precisamente, de esos trabajos previos a la pura demolición. Dentro de esa horquilla de meses, fuentes sanitarias indicaban que a finales de este año ya no quedaría nada de la estructura del antiguo Hospital y que a principios de 2023 el solar estaría ya limpio para iniciar la construcción del futuro edificio de consultas. A partir de ese momento, la obra para levantar los nuevos bloques K y L del Hospital Universitario se prolongarían durante dos años, de manera que a comienzos de 2025 se podría dar por concluido todo el proyecto del nuevo Hospital de Salamanca.
Sin embargo, la situación actual apunta a que el derribo del Clínico podría estar completado “antes del verano”: unos seis meses después de lo previsto.
El Hospital Clínico se inauguró en 1975 -hace 47 años- y ya se sabía que se había empleado abundante amianto en su construcción -como en todos los edificios de aquella época-, pero no se sospechaba que hubiera tanto y, además, en lugares tan recónditos.
Durante los primeros meses de la fase de derribo se retiró la uralita de los techos, se fue cuidadoso con el fibrocemento de la tubería, carpintería metálica, etc. Todo en coordinación con los servicios de Medicina Preventiva y de Salud Laboral del Complejo Asistencial. Se pensaba que ya estaba todo listo para empezar a ‘morder’ las fachadas y demoler toda la estructura, que sería un proceso ‘rápido’.
La sorpresa llegó hace un par de meses, cuando los especialistas de la demolición realizaron varias ‘catas’ en los techos, paredes y suelos del edificio en busca de posibles restos de amianto que se emplearon en la construcción y con los que no se contaba. Y, efectivamente, los encontraron: el material que se empleó para pegar las ‘baldosas’ y suelos del edificio es un adhesivo entre cuyos componentes figura el amianto.
No son altas concentraciones si se tratara de unos pocos metros cuadrados, pero es que el Hospital Clínico es un edificio de diez plantas (dos sótanos, un bajo y siete plantas en altura), por lo que si todo ese complejo se derriba sin tomar medidas, el polvo que se levantará podría ser muy tóxico para las personas que están cerca. Especialmente para los enfermos inmunodeprimidos que se atienden en el nuevo Hospital de Salamanca.
Para que eso no suceda hay que ir levantando el suelo muy lentamente y formando una ‘burbuja’ de seguridad para retirar el amianto que hay debajo de cada plancha e impedir que se disperse por el aire.
Un trabajo laborioso y, por supuesto, muy caro. Este trabajo extra le va a costar a la Junta de Castilla y León más de 1,5 millones de euros adicionales a lo que ya tenía presupuestado para el derribo y que habrá que incorporar a las partidas de los Presupuesto de Castilla y León.
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