Se llamaba Hathor. Era la diosa egipcia del amor y de la maternidad. Fue enterrada hace 2.700 años. El primero de sus restos fue hallado por los arqueólogos de la Universidad de Salamanca en agosto de 2021. Concretamente, en la cima del Cerro de San Vicente. Y, a raíz de la investigación que se inició al hallar semejante 'tesoro', se dio con el contacto que tenía con los fenicios y las civilizaciones de la Edad de Hierro.
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Una curiosa pieza de cerámica de fayenza decorada con la técnica de taracea. De tan solo cinco centímetros de ancho, con los bordes rematados en bisel y sobre la que resaltaba un curioso hilo dorado. Fue lo que se halló junto a un diente de tiburón con 27 siglos de historia. Dicha excavación fue liderada por el arqueólogo municipal Carlos Macarro, los profesores Antonio Blanco y Juan Jesús Padilla y la arqueóloga Cristina Alario y sirvió para dar con su tocado de oro.
Resulta difícil estimar cuándo se elaboró porque su presencia en la primitiva Salamanca apunta a que llegó hasta orillas del Tormes a través del comercio fenicio y las rutas que atravesaban la península. «Se suma a una serie de piezas que apuntan en la misma dirección», subrayó tras la investigación Macarro insistiendo en las influencias de este poblado de cabañas de adobe que dio origen a la ciudad, recibidas de egipcios y fenicios, quienes rendían culto a esta diosa.
Ha sido gracias a este hallazgo y a otros muchos llevados a cabo en la zona lo que ha hecho que el Cerro de San Vicente sea un nuevo foco de atracción turística en la ciudad, además de en un enclave arqueológico, turístico y cultural.
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