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Martes, 5 de enero 2021, 16:19
Ya se les ve poco por la calle. Antes, los niños y las niñas jugaban en los parques y cualquier objeto era un estímulo para la imaginación. Creían en los príncipes azules y las princesas de los cuentos y les bastaba con jugar al pídola o al “ratón que te pilla el gato” para ser felices. Hoy, las cosas han cambiado y pareciera que casi todos los niños y las niñas sólo se entretienen a través de un videojuego porque son la generación digital.
Los juegos y los juguetes se han transformado a medida que las sociedades, y por supuesto los niños, han cambiado. Sus pasatiempos de hoy son muy distintos de aquellos realizados por sus padres o abuelos hace 20, 30 o 40 años.
Aunque pasen los años, las generaciones y los juguetes, el juego sigue siendo el centro de la infancia y un reflejo de los hechos que impactan a los miembros más jóvenes de la sociedad. Es importante que los adultos entiendan que, más allá de controlar o influenciar las diversiones de los niños, deben estar dispuestos a darles el espacio que demandan para expresarse a través de una dimensión lúdica. Así podrán aprender mucho de los niños y volverán a conectarse con su niñez oculta en algún rincón de la memoria.
En los años treinta, la imaginación era el arma principal de los pequeños en los patios y en las calles. Con suerte había un balón de trapos y unas gomas. Lo demás, imaginación al poder.
“En los años cincuenta para jugar se contaba con las calles, las plazas, los descampados, la imaginación, y las ganas de jugar y disfrutar. Estos eran los ingredientes para pasar una tarde con los amigos”, afirma David Doncel, profesor de Sociología de la Universidad de Salamanca.
“Con suerte se contaba con algún juguete, pero la mayoría de ellos eran fabricados por los mismos niños. Juegos como el escondite, el burro, el pilla pilla, las canicas, etcétera, eran las principales actividades de diversión”, aclara el experto
“El juego, pasarlo bien con los amigos, aparte de ser imprescindible en la vida de los niños, y de los no tan niños, para alcanzar una felicidad plena, desde un punto de vista sociológico cumple una función social muy importante, la de socialización. En otras palabras, es un mecanismo muy potente para interiorizar la cultura por parte de los individuos. A través de los juegos los niños adquieren habilidades sociales, conocen normas y aprenden a interpretar mensajes simbólicos tan importante para desenvolverse en sociedad”, añade el sociólogo.
“Nos gustaba jugar a los tesoros. Si alguien conseguía una revista o un periódico, recortaba fotos y luego las traía al grupo. Íbamos a un descampado, las medio enterrábamos con un cristal que dejaba ver la fotografía. Y así formábamos varios tesoros. Luego, volvíamos al día siguiente y era una alegría si estaban allí todavía”, asegura Marcos Cruz, salmantino de 90 años con los ojos iluminados de ilusión.
José María Hernández Pérez, nonagenario profesor, destaca: “Mis recuerdos sobre juegos infantiles me retrotraen al colegio de los salesianos de San Benito, con su patio de tierra, en el que cabía jugar a todo. Teníamos una gran variedad de ellos con lo que los recreos no eran aburridos y no nos limitábamos a jugar al futbol con balones propios de cada uno y que, en alguna ocasión, como eran simples pelotones de goma (no había para más), se convertían en perfectos hexaedros y botaban en más direcciones que la pelota ovalada del rugby”.
“No era de extrañar que cuando “caía” en nuestro patio un balón de los de reglamento, con los que jugaban en el patio de al lado los seminaristas, nos demoráramos un buen rato en su devolución para “echar” un partidillo que matara nuestra buena afición a lo genuino”, continúa.
Con su habitual clarividencia José María Hernández Pérez recuerda su infancia: “La pedagogía salesiana sobre el juego infantil nos permitió siempre jugar en el patio desde que amanecía hasta el anochecer y alguno de los profesores no tenía inconveniente en participar como uno más. No vacilábamos en cambiar de juegos y así lo mismo atendíamos al tirable que al rescate; al pico, zorro, zaina que a las tabas también llamadas macas; a las carreras de platillos o chapas con los tapones de las botellas al tres en raya; al pídola o a la peonza; al bote bote o al aro; a las chinas o al escondite inglés; al himbo, también denominado patti o a las canicas y al roba terreno o al burro vuela”.
“No me gustó demasiado alternar en los juegos con los chicos del barrio pues la mayor diversión de los de la calle de Zamora y la Luna (hoy Reyes Católicos) eran las “dreas” contra los de la Ronda del Corpus, que normalmente acababan con alguno de los contendientes condecorado con una “pitera”. Se hizo célebre el grito de guerra: “al pobrecito Baldiris, en la oreja le han “diñao”. El personaje aludido era de los de la Ronda del Corpus”, añade el profesor.
La generación digital. Los tiempos han cambiado, lo que analiza con acierto el sociólogo David Doncel: “Ochenta años más tarde, las ciudades han cambiado, los barrios han crecido, el número de vehículos en las carreteras ha aumentado, la mujer se ha incorporado al mercado laboral, la tecnología se ha desarrollado vertiginosamente y el número de niños y niñas por familias ha descendido; todos estos factores, junto a otros, han derivado en nuevas formas de relacionarse. Por lo que cabe preguntarse si y en qué modo estos elementos han afectado a los juegos del siglo XXI”.
“Qué duda cabe que las ganas de jugar de los niños no han cambiado, ni sus deseos de ser felices, ni la imaginación aplicada a tal empeño”, insiste. “Tampoco su importante función de socialización. Lo que nos encontramos, como algo propio de nuestro momento, es la presencia de nuevas tecnologías al alcance de un mayor número de niños, dando lugar a presencia de juegos, pero a la vez a nuevos espacios de interacción social. Particularmente me refiero al auge de los juegos sociales multijugador on-line en España. Nuestro país se ha convertido en el noveno mercado de juegos multijugador on-line más grande del mundo. No es desmesurado afirmar que los juegos multijugador on-line son nuevas plazas o calles donde los niños y niñas quedan para jugar y relacionarse”, sentencia el profesor de la Universidad de Salamanca.
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