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Indignación entre los comerciantes por el nuevo corte de la calle Álvaro Gil

“Con el anterior corte ya estuve casi al borde de cerrar mi negocio”, lamenta otro empresario

Martes, 25 de octubre 2022, 00:23

Los comerciantes de la céntrica calle Álvaro Gil manifestaron este lunes su enfado por el nuevo corte de la vía mes y medio después de su reapertura, tras ocho meses con el tránsito bloqueado por las obras de remodelación.

En esta ocasión es por seguridad durante el derribo de un edificio que acabará este miércoles, según lo previsto. Los responsables de los negocios se quejan de la falta de información, de los cortes de luz y de internet que han sufrido durante la semana pasada, así como de la necesidad de que se les compense de alguna manera por las pérdidas y molestias que arrastran desde hace meses.

Francisco regenta un gimnasio, al que este lunes no acudió nadie para informarse, a pesar de que habitualmente entran varias personas al día. “Cuando hemos visto la calle cortada nos hemos quedad a cuadros”, explica. “La semana pasada vinieron a quitar cables para preparar la demolición y nos dejaron sin internet. Los clientes me tuvieron que pagar por bizum porque no funcionaba el datáfono”. Además le interrumpieron el suministro de luz “sin previo aviso”. Lamenta: “Parece que a nadie le importe lo que nos pase después de más de ocho meses de obra”.

El anterior corte hizo polvo al negocio de suministros de electricidad de Vicente. “Me hacen un destrozo tremendo. Con la otra obra estuve casi para cerrar. No entraban clientes, las aceras estaban cortadas”, explica. Ahora le han vuelto a vallar la zona, también en Juan Picornel, donde aparcan sus clientes para llevarse material. “Si la cosa ya está mal, encima sufrimos estos cortes”.

Otros comerciantes reprocharon que les bloquearon el paso a sus negocios a primera hora de la tarde, por lo que tuvieron que retrasar la apertura “y sin previo aviso”. El responsable de uno de los negocios que está más cerca del edificio demolido reconoce que todo esto le afecta “persona y anímicamente”. Confiesa que entiende la envergadura de la obra y la necesidad de acotar el paso por seguridad, “pero no la falta de información y de empatía”. También denuncia que durante la anterior obra “salieron de las cloacas ratas como galgos”.

En general la queja es la falta de indemnizaciones por los daños, “no solo del Ayuntamiento, también de la propietaria del edificio que tenía que prever los perjuicios”.

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