Borrar
Suleymán, en la edición veneciana de 1558 de la 'Materia Médica' de Dioscórides, de la que fue responsable Pietro Mattioli, médico de Maximiliano II.
El elefante que cruzó Salamanca

El elefante que cruzó Salamanca

Entre el asombro y el pavor, los salmantinos vieron pasar en otoño de 1549, desde la frontera lusa camino a la corte de Valladolid, el insólito regalo del rey de Portugal para el primogénito de Felipe II

Roberto Zamarbide

Salamanca

Domingo, 27 de octubre 2024, 07:00

Ninguno de los paisanos que salieron al camino había visto en su vida nada parecido. Probablemente no pudieron contener sus gestos de asombro, y a buen seguro muchos y muchas elevaron sus preces al cielo buscando protección ante ese extraño ser que tenían ante sus ojos. Corría el otoño de 1549 cuando una egregia comitiva protagonizada por un elefante cruzó la provincia de Salamanca desde la frontera portuguesa camino de Valladolid. El asombroso acontecimiento está documentado históricamente, y recreado con buenas dosis de ficción en la novela «El viaje del elefante» (2008) del Nobel portugués José Saramago. Pero apenas se conocen detalles de la peculiar travesía ocurrida hace justo 475 años.

El protagonista de esta historia fue un elefante asiático conocido como Suleymán, o Solimán, que nació hacia 1540 en los establos reales de Kotte (Ceylan, hoy Sri Lanka) y que en 1542 emprendió viaje a Lisboa como regalo del rey Bhuvanekabahu VII al rey Juan III de Portugal. Asi lo relata la historiadora Annemarie Jordan Gschwend en su obra «La historia de Suleyman: elefantes célebres y otros animales exóticos en el Portugal del Renacimiento». La autora subraya el papel que los elefantes asiáticos llegados de sus colonias tuvieron en la corte portuguesa del siglo XVI y la utilización por los reyes de estos y otros animales exóticos, como rinocerontes, loros o cacatúas, como símbolo de ostentación de la que era entonces una potencia mundial.

Quien más agradeció el regalo fue la esposa del rey, Catalina de Austria, gran amante de los animales exóticos. Pero siete años después, los monarcas lusos vieron conveniente regalar el elefante a su sobrino nieto Carlos, de 4 años, hijo mayor del sobrino de Catalina, el futuro rey Felipe II de España. Y el antiguo camino a Salamanca y Medina era la única ruta posible para hacérselo llegar.

El animal salió de Lisboa probablemente en la segunda quincena de agosto -así lo aventura Saramago- con destino a Aranda de Duero, donde se encontraba entonces el príncipe de Asturias, muy cerca de la corte de Valladolid. En el divertido relato del escritor luso, la caravana estaba estaba «presidida» por el elefante y sentado a su cuello el cornaca, nombre con el que se conoce al guía y cuidador del animal. Junto a él viajarían dos hombres para ayudarlo, otros encargados del abastecimiento, el carro de bueyes con la pesada cuba de agua haciendo equilibrios en los inestables caminos, un gigantesco cargamento de forraje variado, el pelotón de caballería encargado de la seguridad del viaje «y la llegada de todos a buen puerto» y el carro de la intendencia de las fuerzas armadas tirado por dos mulas. El alimento para el animal debió ser el cargamento más voluminoso: Saramago, quien se documentó exhaustivamente para escribir su libro, cuenta que «un elefante necesita diariamente cerca de doscientos litros de agua y entre 150 y 300 de vegetales» .

No hay dudas sobre el trayecto que recorrió la caravana a su paso por Salamanca. El último mapa de caminos de España, editado apenas cuatro años antes por el cartógrafo valenciano Pero Juan Viluga, trazaba claramente el recorrido sobre la actual Nacional 620, desde Alberguería de Argañán hasta Mollorido, desparecida localidad cercana a Cantalapiedra. No hay constancia del impacto que produjo la visión del elefante en los aldeanos salmantinos de la época. Saramago aventura que las reacciones oscilarían entre el asombro y el terror.

Ya en Valladolid, Suleymán disfrutó de las comodidades de la corte española durante dos años. Pero los grandes gastos que ocasionaba su estancia y las duras condiciones de vida del animal motivaron que don Luis Sarmiento de Mendoza, responsable de la casa de Carlos, buscase una solución a los problemas que generaba la estancia del animal. Y encontró la solución en el archiduque Maximiliano II de Habsburgo. El emperador del Sacro Imperio Romano Germánico y su esposa María de Austria –hija mayor de Carlos I y hermana por tanto de Felipe II– estaban a punto de regresar a Viena. Maximiliano, un joven a quien le impresionaba todo lo exótico, había quedado impactado cuando vio al elefante en Valladolid, así que Sarmiento aprovecho la ocasión para endosarle a Suleyman.

Así, el archiduque y su esposa emprendieron el largo camino a la corte vienesa con su exótico obsequio. Cuentan los investigadores que esta comitiva real incluía ya unas mil personas, la mayoría nobles, así como cientos de soldados, escuderos, lacayos y sirvientes, decenas de literas y carros con provisiones y enseres. El convoy se extendía a lo largo de más o menos un kilómetro. A la cabeza iba una pequeña banda de músicos, seguidos por el elefante y su guía, que eran conducidos por dos lanceros, un gigante y un enano. Recorrían entre 40 y 70 kilómetros al día.

Cruzaron la península en un pesado viaje hasta el puerto de Rosas y allí embarcaron hasta Génova. Posteriormente, los emperadores y su séquito subieron los Alpes hacia Innsbruck y, tras un tramo de navegación por el Danubio, hicieron su entrada triunfal en Viena el 6 de marzo de 1552. El elefante revolucionó la Corte vienesa, pero a pesar de superar todos su viajes, moriría un año después por malnutrición, lo que dejó a Maximiliano muy apenado.

Esta funcionalidad es exclusiva para registrados.

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios

lagacetadesalamanca El elefante que cruzó Salamanca