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Asomarse a las fotografías de Emilio Biel sobre el ferrocarril a Barca d´Alva es reencontrarse con el relato de Luciano González Egido de “Los ... túneles del paraíso”, la novela que publicó en 2009 en la que narra con una prosa fantástica y generosa cómo se construyó esa línea. Es una novela, pero lo relatado puede estar muy próximo a la realidad. Lo tenía fácil, Luciano es de la zona y en ella las historias están a la vuelta de la esquina. Biel, por su parte, es uno de los grandes de la fotografía portuguesa y uno de sus pioneros. Según Miguel Figuerola, director del Museo del Comercio, que acoge la exposición, la empresa constructora le contrató para inmortalizar la obra, generándose así álbumes de fotografías que terminaron en manos de la duquesa de Lumbrales. Ahora, salen a la luz. Un tesoro. Pronto, esa vía trazada y excavada con sangre y pólvora, se convertirá en camino de senderistas sin vértigo, que podrán imaginar cómo pasaban por ella las viejas máquinas de vapor rompiendo el silencio de los valles y llenándolo todo de carbonilla. En 1985 se escribieron las últimas hojas de su historia.
Hoy, el silencio ha vuelto a esos valles, a los que no llega el ruido de la actualidad política. Un ruido cada vez más estridente, que probablemente nos aturda en las próximas semanas. De momento, este viernes debería aturdirnos la protesta de los más jóvenes, a los que les gustaría poder respirar oxígeno en los próximos años, cosa que quizá sea complicado si seguimos echando a la atmósfera tanta porquería. Salen este 15-M, que recuerda a aquellos idus martii, que los romanos consideraban día de buenos augurios; un 15-M que trae a Lolita a Salamanca con la tragedia Fedra bajo el brazo, quizá en el mismo tren que acerca a Ismael Serrano a cantar que ya nada es lo que era. Quizás a esos valles ferroviarios llegue el ambiente de la Fiesta del Almendro, que se celebra este domingo en La Fregeneda, con pregón de la alcaldesa de Cabrerizos, Lourdes Villoria, y puestos de repelaos y almendras garrapiñadas, quizá con alguna tarta de Santiago y ausencia de leche de almendras. Flotará en el aire aquello de Miguel Hernández de “en el presidio de una almendra esclava”. La Fregenda es cruce de caminos, tierra de túneles y aguas. Y trenes. Esta semana murió Martín Chirino, que se decía herrero y fue uno de los grandes de la escultura. Tuvimos una de las suyas en aquella maltratada plaza de la estación del ferrocarril, una escultura que fue también maltratada como todo a su alrededor. Estuvo rota, pintada, rallada, abollada y finalmente encontró refugio en Valladolid. Tuvo aquella marcha algo de exilio. De huida. En tren, posiblemente, vendrán a Salamanca Margarita Salas y Adela Cortina a recibir su honoris causa por la Universidad Pontificia. Cortina acaba de decir que la filosofía debe mancharse las manos. Ética y filosofía han expresado reflexiones muy sensatas que hablan de no perder el tren del futuro olvidando a la naturaleza. También lo dice gente de ciencia, como Salas. Y hoy, la gente más joven. O no, ya veremos.
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