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La gente huye del campo y los que se quedan en él pasan los días pensando en los que se fueron. Hoy, los pueblos viven ... de recuerdos. Sus casas cerradas evocan ausencias y vacíos, y sus calles son espacios de desolación donde sobreviven los gatos y las lagartijas en un silencio aterrador. A esa España ahora se la llama España vaciada y se manifiesta hoy en Madrid, en este día dedicado a la copia de seguridad tan necesaria en estos tiempos en los que sabemos que dentro de la Policía se espiaba y manipulaba con perversas intenciones. Se apunta a Villarejo, Jorge Fernández, Ignacio Cosidó..., que parecían gente de bien y llevaban a la España vaciada y llena en el corazón y el discurso. Ya. Hasta la vice Soraya podría estar en la pomada. Por asuntos así es preciso mantener el campo abierto como refugio, como playa de los ahogados, el primer libro de Domingo Villar, magistral, que el viernes presentó en Salamanca su nueva obra, “El último barco”, solo para devotos. La novela negra, su dominio, cuenta aquello que sucede y de lo que no hay pruebas para ser publicado en un periódico. Pero la realidad siempre supera a la ficción.

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