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No llueve. Dejamos atrás el otoño y el invierno y en ninguna de ambas estaciones llovió significativamente. Tampoco en las primeras horas de la primavera ... estrenada esta semana. Se acaba marzo, llega abril reclamando aguas mil y cuando alcancemos San Marcos tiene que haber agua en los charcos y si no malo. En el Día del Agua ya escuché hablar de sequía así que es posible que comencemos con rogativas cualquier día. En Béjar, habría que inventar unas para que nevara: lo de este año ha sido terrible. El pasado, si se acuerda, llovió finalmente –y mucho—y de esas rentas vivimos este año, así que no pierdo la esperanza, aunque podría ser que esas lluvias dejasen a nuestras imágenes de la Pasión en sus templos y todos tiritemos de frío, porque el frío, dicen mis mayores, nunca se queda en el armario.

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