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Continúo viendo con inquietud ese 28 de abril que el presidente del Gobierno ha elegido para las elecciones generales. Inquietud porque ese domingo toca hacer ... los hornazos para el Lunes de Aguas, que será lunes de resaca electoral, y, perdóneme, pero el hornazo está entre lo más sagrado de esta tierra. En varios pueblos se van a mezclar urnas con verbenas el domingo y quizás el lunes salgan los vecinos enfurruñados por los resultados, que en los pueblos somos así. Qué digo, el Cristo del Monte, en Alaraz; la Virgen de la Encarnación en La Orbada; la del Castillo, en Yecla, la del Buen Suceso, en Linares o la de los Remedios, en Buenamadre, donde tantos devotos de la imagen y el hornazo se reúnen. A ver qué pasa en el Trago con los escancianos albercanos. Y no quiero ni pensar, según los resultados, la utilización que se haga en Los Santos de la Patrona del día, la Virgen del Gozo. Gozo, ¿para quién? En estas cosas no se piensa cuando se fijan unas elecciones y luego pasa lo que pasa. Qué falta de sensatez. Pero saldremos el Lunes de Aguas al campo no solo a festejar la naciente primavera y el final de la Cuaresma, también podemos celebrar el final de la campaña electoral, que nos va a poner la cabeza como un bombo. Lo peor es que cuando nos estemos recuperando llegará otra. Por cierto, una malévola amiga, de luto por la muerte de Karl Lagerfield, lo siento, Trini, me reveló el otro día que el 28 de abril es San Petro Chanel. Pues eso. Llevamos una racha penosa de pérdidas: Augusto Pimenta, Ventura Julián y el célebre modisto.
Y no estamos para perder talentos, ni menos tantos de golpe. Parece un expolio, asunto del que algo sabemos. Escuché de nuevo con atención a Gerardo Boto el otro día en el Casino, igual que al resto de participantes, que llenaban la mesa, y sí, salí iluminado por la idea del que el claustro de Palamós es salmantino. El algodón no engaña y las pruebas a las piedras tampoco. Así que de aquí se han llevado retablos renacentistas, imágenes barrocas, documentos de todo tiempo, rejas imperiales, capiteles y arcos. En este caso, de la propia Catedral Vieja y con la firma del obispo de la época, lo que me cabrea más. Y sin poder reclamar. Ayer se insistió en el mismo escenario del expolio documental del Archivo. Por cierto, la fuga de nuestros jóvenes la vivo como un expolio más. Salí de la presentación del libro pensando dónde poner el claustro si alguna vez vuelve, que me temo que no, salvo que lo compremos, como se hizo entonces.
Qué maja hubiese quedado la fotografía de las falleras en ese claustro como parte del book charro-fallero de ayer, con Marina Civera al frente de la corte valenciana de majas. Marina es la fallera mayor y lleva por todas partes la imagen de Valencia, de ahí que antes de partir sea exaltada por toda la ciudad. Podríamos hacer eso con Elisabeth Martín, que parte en busca de un título de belleza que nos ponga en el mapa. Con Valencia tuvimos cierto encontronazo allá por los años veinte del siglo pasado, que luego se arregló. Se botó un barco dedicado a Salamanca e intercambiamos calles; ellos nos dieron una y nosotros convertimos la Ronda de Labradoras en calle Valencia. Y hasta ahora. Hemos tenido fallas en la Plaza Mayor y desembarco fallero hace nada. Amigos para siempre, como debe ser y a ver si en verano hay más horchata, que la echo de menos.
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