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Se consume marzo y asoma por la puerta abril, que no sabemos si traerá o no aguas mil, pero que sí dejará de nuevo la ... Pasión en procesiones y representaciones, y este año se irá dejándonos novedades políticas en las vísperas del Lunes de Aguas. Estuve en el Liceo escuchando a Pedro Sánchez llamando a la participación: no se fía. No confía en las encuestas y haría bien en no hacerlo tampoco en los suyos cuando les arriman un micrófono. Hoy, todos los líderes de los partidos temen a los propios más que a los ajenos, en general, por lo que puedan decir. Antes que Sánchez habló José Luis Mateos, que abusó de la palabra cambio. Luis Tudanca hizo lo propio con “despoblación”, cuando el problema ya no es la despoblación sino la repoblación, de qué forma llenar los huecos dejados, las ausencias y vacíos. Y Sánchez defendió lo hecho y prometió hacerlo mejor. Estamos viviendo una campaña caótica, en parte porque algunos la han comenzado demasiado pronto, me explica un profesor de la cosa política, que afirma que a varios se les va a hacer larga. Quizás nos ocurra lo que a aquel ciego de Ana Llurba que era testigo de lo que sucedía cuando no sucedía nada, y nada —explica Llurba en un poema— no es la muerte sino el desencanto. La escritora y editora va a estar mañana en la Casa de las Conchas en un mano a mano sobre “La escritura hoy” con Valeria Correa, de la que aprendí que la poesía se escribe cuando se puede y no cuando se quiere. Cosa de musas, creo. Las mismas que rondan a los que hacen una declaración a destiempo y suman todavía más en el caos a esta campaña que todavía no ha comenzado pero está ahí, ocupando todo el espacio como los gases nobles y las camisas en el armario. A la cita de la Casa de las Conchas podrían haber invitado a Yolanda Yzard, salmantina, filóloga por la Universidad de Salamanca, profesora en la “Cervantes” vallisoletana y desde hace unas horas premio internacional de poesía “Miguel Hernández” por su poemario “Lumbre y ceniza”. Yolanda ya formaba parte del grupo de destacadas escritoras salmantinas como Charo Ruano o Mari Ángeles Pérez López, que habitan en el Parnaso junto a las musas de la poesía.

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