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El interés municipal sobre el subsuelo acuático salmantino podría ser para la construcción de un metro. De ese modo, la inocentada del 28 de diciembre ... se hubiese adelantado cuatro meses. Ya se estudió años atrás la puesta en servicio de una especie de tranvía que uniría la estaciones ferroviarias de Salamanca y Tejares, con posibilidades de andenes en Puente Ladrillo y Buenos Aires. Una especie de lanzadera con paradas en Alamedilla, Canalejas, San José y Tejares. Creo recordar que la idea surgió de un profesor del “Fernando de Rojas” y llegó a ser considerada por el Ayuntamiento, lo cual no critico porque entre los cometidos municipales está el estudio de las propuestas vecinales, que envió el asunto a la mismísima Junta de Castilla y León. Era el año 2008. Aquello –hoy olvidado—y el estudio de las balsas y ríos de nuestro subsuelo me han hecho pensar en un metro salmantino.
Si atendemos a la toponimia, ahí abajo hay agua. A la toponimia, y a los reventones. Tenemos el Pozo Amarillo, donde San Juan de Sahagún obró el milagro. Pero también tenemos las calles de Pocellín y Pozo Hilera, incluso hubo un Pozo del Campo no muy lejos de la Gran Vía, por donde discurría la alberca que en su tramo final se denominaba solemnemente Arroyo de Santo Domingo, más por consideración al convento de Vitoria, Deza y Soto, que porque fuese un bucólico y cristalino arroyo, pues las crónicas hablan de que era un vertedero, como lo era la alberca que discurría por Crespo Rascón, con frecuencia atascada por la suciedad y causa de inundaciones, y que se convertía en arroyo de la Palma y Vaguada de la Palma, otra inmunda alberca que originó todo tipo de enfermedades. Tras la calle Adela Lastra hubo en realidad un Arroyo de la Lastra y por debajo del Campo de San Francisco o de la propia Plaza Mayor fluye el agua, como bien saben los comerciantes del Mercado Central. Así pues quizá tengamos bajo nuestros pies una Venecia subterránea que salga ahora a la luz y la ciudad flote sobre un gran sistema acuático. ¿Se imagina? Botelho de Moraes situaba el origen de Salamanca en su famosa Cueva o en una red de cuevas mágicas y la realidad es que podría estar en el agua. La arqueología habla de una Deo Salamanti vinculada al agua, de donde vendría el nombre de Salamanca. Una ciudad que le debe mucho al Tormes y que en otro tiempo aparecía salpicada de fuentes en las que los vecinos tomaban el agua para su consumo y aseo, y no faltaron protestas muy serias cuando se secaban. Espero con enorme curiosidad lo que diga el estudio para proponer inmediatamente la construcción de un metro que cruce la ciudad de norte a sur (Línea 1) y de este a oeste (Línea 2), siempre que sea posible. Quizá haya que desatascar algunas arterías, pero para eso tenemos ya a notables vasculares salmantinos, incluido el cirujano Alberto Forteza, que acaba de operar al rey emérito, por no citar a poceros profesionales en la ciudad, que saben muy bien lo que se cuece ahí abajo, al igual que los operarios de Aqualia, que lo tienen todo monitorizado.
A mi me gusta más el tranvía, que llegó a estar entre los proyectos salmantinos que nunca culminaron en 1844, 1908 y 1917, antes de hacerlo en 2008. Si busca en internet verá que hay un proyecto publicado en la web de la Universidad Politécnica de Madrid, que vuelve sobre el asunto. Ahora ya es cuestión de cada vecino decidir si quiere ir por la superficie o como las lombrices, por el subsuelo, y si por esta o aquella calle.
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