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Ha sido muy emocionante esta semana entrar de nuevo en el edificio del Banco de España, quizás la última vez, antes de que comience su ... derribo para convertirlo en Centro Internacional del Español. Enrique Cabero me confirmó que este es su nombre oficial, sin el “de referencia” que se le añadía en algún momento. Cuando se inaugure, los fantasmas del Banco seguirán agarrados a las rejas de las ventanas, que mantendrán el logotipo de la entidad. No hay muebles y volví a preguntarme por aquella mesa que, me decían, era igual a la que tenían Hitler y Mussolini en sus correspondientes despachos, y que Franco –se ve que no le gustaba—decidió regalar al edificio. Ya estaría, supongo, el 31 de agosto de 1942, vísperas de Ferias, cuando se inauguró la delegación del Banco de España en Salamanca, dejando muy atrás el 14 de enero de 1936 cuando se confirmó la obra de construcción del edificio. A continuación, vino la Guerra Civil, que siempre nos recordará, para que no olvidemos, el Centro Documental de la Memoria.
La inauguración coincidió con búsquedas en la memoria de aquel “Hotel Comercio” que desde mediados del siglo XIX hasta su cierre en 1933 acogió banquetes, conspiraciones, citas amorosas, excursiones... como cualquier hotel con pedigrí. No llegó Pedro Antonio de Alarcón, que se alojó en él y dejó constancia en “Dos días en Salamanca”, a disfrutar de la cocina de Agustín Hernández, uno de los nombres propios de la gastronomía de principios del siglo pasado, si no lo hubiese citado. En esos años tuvo de propietario a Francisco Núñez Izquierdo, que era, también, dueño de “El Adelanto” y una librería de la Rúa, que algunos todavía recordamos cuando pasamos por delante del apuntalado edificio que la acogía. Hay fotografías localizables del viejo hotel, que te hacen pensar si hoy soportaríamos las “comodidades” de la época. Estoy seguro de que los fantasmas del “Comercio” permanecerán cuando el Centro Internacional del Español sea faro de la enseñanza de nuestra lengua. Le faltaba a Los Bandos un faro y aquí está.
Las obras del Banco de España, entonces, buscaban reducir el llamado paro obrero, que tenía a la ciudad sumida en la desesperación y la beneficencia. Supongo que las de ahora aliviarán algo el desempleo. Ayer volví a escuchar la palabra “crisis”. Se presentaban unas jornadas de educación financiera para escolares con el nombre de “Finanzas para mortales”. Vino Maribel Peláez Charro, directora comercial del Santander en Castilla y León, que fomenta la iniciativa, y el vicerrector de Economía, Javier González, que reflexionó sobre el hecho de que quizá con algo más de formación financiera no nos habríamos equivocado tanto entonces, así que, creo, estamos invirtiendo en que nuestros jóvenes no se equivoquen cuando llegue otra, que llegará.
No sé si la víspera del Miércoles de Ceniza es el mejor día para hablar de finanzas para mortales y crisis, pero así fue. Se abre un interesante tiempo de potajes, torrijas, bacalao o pestiños compatible con las jornadas del cerdo que acaba de inaugurar “Casa Paca” con un despiece en vivo y en directo de un cerdo con José Ribagorda de maestro de ceremonias mientras Agapito y Avelino, de jamones “Blázquez”, explicaban y diseccionaban con extraordinaria maestría y desvelaban secretos. Es el pórtico de entrada a los veinte años de “Casa Paca”, que nos promete emociones muy fuertes este año. Felicidades.
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