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Hemerotecas y móviles

Los Sánchez de turno que ayer dijeron una cosa y hoy lo contrario no son sometidos suficientemente al escrutinio de las hemerotecas

Miércoles, 26 de marzo 2025, 06:00

Probablemente en Google haya algo más de tensión que lo habitual esta semana. Por las agradables y coloridas oficinas de Mountain View se estarán multiplicando las reuniones, los informes y las caras serias. El lunes se conoció que «un problema técnico» -buena forma de eludir de buenas a primeras la responsabilidad humana- ha tenido como consecuencia el borrado de la Cronología de Google Maps en los móviles de miles de usuarios. Dentro de las mil tonterías con las que los seres humanos de nuestros días podemos perder actualmente el tiempo trasteando con el móvil, la Cronología me parecía una de las más prácticas. Una memoria auxiliar de los lugares que visitaste en cualquier día del pasado. Un rastro, activado un día voluntariamente, que nos permite confirmar dónde anduvo tu aparato (normalmente con tu cuerpo al lado salvo que te olvides el móvil en el taxi) en cualquier día pasado. Un recurso que no es tan intrascendente ni caprichoso como podría parecer.

Hace unas cuantas primaveras, y en pocas semanas cumpliré un número redondo, que empecé en esto del periodismo haciendo reportajes variados para un periódico local. Cuando poco después tuve la suerte de incorporarme a la Redacción, lo hice al tiempo que cumplía parte de mi horario como auxiliar en el Archivo del periódico, clasificando las noticias publicadas y las fotografías correspondientes. Era una labor bastante manual: aún no habían llegado los ordenadores a ese departamento -estaban al caer- y se trabajaba con tijeras, papel y pegamento identificando el material informativo con destino a un sobre que se guardaría en un archivador. Todo muy siglo XX.

Aquel trabajo permitía la charla con el compañero, el chascarrillo y el café de máquina en la esquina de la mesa, no fuera a volcarse con un mal movimiento y generar un desastre. Yo sentía la importancia de aquella labor manual que aportaría contexto y referencias históricas al trabajo de los periodistas, y pude comprobarlo muy poco después. Meses más tarde, aquella experiencia se enriqueció con seis meses de trabajo diario en la hemeroteca del mismo medio para un proyecto de libro que vería la luz años más tarde. El pasado desde entonces huele para mí a papel viejo y a historias asombrosas encerradas en volúmenes gigantes.

Es un privilegio poder tener acceso a una hemeroteca y contrastar los datos del pasado. En unos tiempos en los que de un lado y de otro nos cuentan milongas atractivas para captar nuestra voluntad, que nos marean con mensajes contradictorios que buscan adhesiones a corto plazo, se hace fundamental contar con recursos auxiliares para agarrarnos a la verdad. Yo, con mi memoria ya vacilante, era capaz de zanjar armado con la cronología de Google debate sobre cualquier tontería, como si la fiesta que dio el tío Paco por su cumpleaños fue el 13 de febrero de 2021 o el 14. Me gustaba ese registro de mis movimientos que armaba mis recuerdos, esa especie de hemeroteca personal, pero se me borró en una maldita actualización y ya sufro alzheimer informático.

Los Sánchez de turno que ayer dijeron una cosa y hoy sostienen lo contrario no son sometidos suficientemente al escrutinio de las hemerotecas, y en eso los periodistas tenemos mucha culpa. Ellos, los políticos, saben que las mentiras dichas con convicción dan buenos titulares, que contrastar lleva mucho trabajo y que dentro de media hora habrá otra noticia que llamara más la atención. Imagino que también tendrán cuidado de desactivar la función Ubicación para que un juez no descubra un mal día futuro que estuvieron en un lugar equivocado. Y que no falte un mazo a mano para destruir aparatos comprometedores.

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