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A Sánchez le gusta viajar en el Falcon, en helicóptero o en la berlina oficial. El bus le repele, le provoca mareos y atenta contra su buen gusto, como buen aristócrata del transporte. Le ha declarado la guerra al autobús y solo le mola el ómnibus, ese cajón de sastre parlamentario con el que intenta colarle a la oposición sus trapicheos y sus enjuagues.
En la guerra contra el autocar el presidente de la nación ha utilizado de ariete a quien fuera su mamporrero en el Congreso, (mamporrero en su acepción de «persona que amaña algo en beneficio de otra», según el Diccionario de la Lengua Española), y que ahora se dedica a quitarle las paradas a los pueblos de Salamanca. Una apuesta decidida por la despoblación, que en eso están los del Gobierno sanchista-comunista.
El asunto ha provocado reacciones divergentes. Los alcaldes del PP han firmado un manifiesto contra el recorte de servicios de transporte decretado por Óscar Puente mientras los del PSOE de Salamanca niegan la mayor. Según el partido que lidera David Serrada, lo de la supresión de paradas es un invento (suponemos que de la ultraderecha, la máquina del fango y Elon Musk). Quienes hablamos de la fechoría del Gobierno no hemos entendido nada. Según la sonrojante versión del socialismo local, no es que el Ministerio de Transportes elimine las paradas, sino que deja de financiarlas. Eso en mi pueblo se llama recorte, pero quizás en el nuevo catecismo socialista quitar la financiación de un servicio represente una apuesta decidida por mantenerlo.
El PSOE salmantino añade que debe ser la Junta la que pague el pato, es decir, que asuma el coste de esos trayectos. Pues qué bien, qué agradecidos deben estar los habitantes de las zonas rurales al Ministerio porque no impide que otros paguen lo que hasta ahora era su competencia. Solo faltaba.
Menos autobuses y más omnibuses, podría ser el lema de campaña del PSOE salmantino para las próximas elecciones (las que sean). Ahí la Real Academia podría presentar un veto, porque el plural de ómnibus es invariable (los ómnibus) pero respetar la gramática chafaría la rima del eslogan.
Así que Sánchez apuesta por el ómnibus del decreto gubernamental, y cuando se le cala, la culpa es de la oposición, faltaría más. En el Congreso presentó su autocar de variedades y espectáculos, juntando en una misma función la subida de las pensiones con el regalo al PNV de un palacete en París. Parece mezclar la velocidad con el tocino, pero bien pensado, nuestros pensionistas podrían ser beneficiados con viajes a la capital del Sena, incluida estancia en palacio. Menudo chollo.
Si los socialistas son capaces de presentar la supresión de paradas de autocar como una apuesta por el transporte rural, no debe extrañarnos que su incapacidad para convencer a sus socios golpistas de Junts acabe siendo culpa del PP de Feijóo. Sánchez podría aprobar de inmediato un decreto por separado para pensionistas y víctimas de las riadas, pero no le apetece. Prefiere que unos y otros se cuezan en su salsa y echarle la culpa a la oposición. Parece imposible que ningún español medianamente inteligente se trague esta memez, pero cualquier día nos dice el Gobierno que los autobuses son molinos de viento y habrá millones que se lo crean.
Feijóo y sus chicos de Génova andan afanados en explicar su rechazo a las argucias sanchescas, en un esfuerzo merecedor de mejor causa. Basta con aplicar a Sánchez su propia medicina. «No es no» y punto. Ya tiene a sus amigotes para que le saquen las castañas del fuego. «Somos más» decía tras las últimas elecciones. Pues con su pan se lo coman.
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