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Antes de que en la disputa de los amores de una dama estallase entre ellos otra íntima guerra mundial, Manolo Tena y Joaquín Sabina eran amigos íntimos de esos que frecuentan los mismos bares, colegas, tertulias, conciertos, camellos o estudios de grabación. Tanto que incluso Tena sería de los pocos que podía presumir de haber escrito una de las canciones que grabó Sabina en la que el de Úbeda no era autor. Se titulaba «Guerra Mundial» y comenzaba así: «Malas noticias en la radio / ya vienen dicen los diarios / con solo apretar un botón / el kiosco va a hacer explosión / cuidado, ya está aquí / la Tercera Guerra Mundial / Muy pronto va a estallar / la Tercera Guerra Mundial»

Estaba incluida en «Ruleta Rusa» y aunque parece escrita esta semana, en realidad es del 1984. Tena y Sabina, disfrutaron del éxito masivo en su profesión, pero afortunadamente se estrellaron estrepitosamente como profetas de la hecatombe. Nuestro planeta siguió rodando.

La historia de la música está plagada de este tipo de advertencias sobre la inminencia de esa supuesta Tercera Guerra Mundial. Los compositores que a lo largo del tiempo han ido plasmando en su obra lo que buenamente se respiraba en el ambiente son innumerables y podríamos hacer una extensísima lista de terceras guerras mundiales anunciadas a bombo y platillo pero que finalmente fueron abortadas. Lo vienen haciendo desde que uno tiene memoria que puede ser desde aquella preciosa «Eve of Destruction» de P. F. Sloan en 1965 a cualquier canción escrita estos días. Y no solo los compositores. También se han ido empleando a fondo en la tarea artistas de las más dispares disciplinas desde el cine a la literatura, desde la pintura al cómic, o desde el teatro al arte urbano.

Pues bien, uno humildemente les pediría a todos estos artistas que se tomaran un breve descanso y nos dejaran disfrutar al menos durante un tiempo de sus obras sin temor a encontrarnos en ellas justo eso de lo que huimos al acercarnos a su oasis pacifista, eso con lo que nos empachan a diario los distintos medios de comunicación. Tenemos excepcionalmente cubierta la ración del acojone colectivo y canguelo, gracias a cualquier telediario desde el que estos días asoman los más dispares bustos parlantes advirtiéndonos de la necesidad imperiosa de armarnos hasta los dientes para que todos aportemos nuestra parte alícuota al espectacular estallido del gran diluvio universal que promete arrasar con todo.

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lagacetadesalamanca El diluvio universal