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Esta España «sanchista» es un sinvivir. Trato de buscar cada día un poco de sensatez, de gobierno, de cordura, de eficacia; trato de despertar de lo que podría parecer una terrible pesadilla. Pero cada día es lo mismo, los mismos siniestros personajes y personajas, y a peor, despeñándose toda cohesión social mientras babosos como Iglesias, Errejón o Monedero, andan a la caza de inocentes jovencitas como lo que son, un Ku Klux Klan disfrazado de machos progresistas. Enclenques, pero machos progresistas en su corral.

Y es que el «ganao» que pace en el escenario político español desde que José Luis Rodríguez Zapatero derribó toda excelencia moral, profesional y ciudadana, es terrible. Hoy la política, incluida la función pública nombrada a dedo, está infectada de decadencia. Me río yo de las vacas locas, la lengua azul, la glosopeda o la mixomatosis frente a esta cabaña de políticos palurdos, ególatras, nefastos y amos y señores de la impunidad. Pensar en políticos brillantes y generosos es remontarse a décadas atrás, alguno de la época de José María Aznar, de Felipe González, de Adolfo Suárez, y sobre todo del franquismo. De Zapatero a nuestros días ha sido un descarado ejercicio de inercia y de desmontaje del Estado en busca de la dictadura a través de la democracia.

Pero si tengo que elegir al político actual que pone a mis neuronas en pie de guerra, sin duda es Yolanda Díaz, la Yoli, nada menos que vicepresidenta del Gobierno y nada menos que ministra de Trabajo. Esta señora no es normal, no es de este mundo, pues si lo fuera querría decir que la especie humana está al borde de su extinción. La veo, la escucho, la observo con alma de entomólogo y todos los planetas chocan como canicas contra la Tierra. ¿Yolanda Díaz formaba parte de la Creación, en serio?

La penúltima de esta reinona gallega de compras por Madrid ha sido denunciar a un periodista que osó decirle «estás cada día más guapa». Con independencia de los gustos «fetichistas» o las «bajas pasiones» del informador (en realidad, una persona correcta y galante sin más), tener a una vicepresidenta y ministra de un Gobierno que no sea de Barrio Sésamo lamentando públicamente que la llamen «guapa» por atentar contra la dignidad de la mujer, es una más en este estercolero llamado España, donde obviamente no hay nada mejor que hacer salvo ir a la peluquería y salir de compras, es decir, como ser mujer florero y de izquierdas.. . Gestionar, como lo de inventar, que lo hagan otros.

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