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Hostelería anterior a 1925 (XI)

En 1885 abre sus puertas el nuevo café «Oporto», cuyo dueño obsequia a los clientes con exquisitos helados, tés, cafés, vinos y licores

Martes, 25 de marzo 2025, 05:30

EL ANTIGUO CAFÉ «OPORTO».- Al iniciarse el proyecto de comunicación de la calle de la Rúa con la Plaza de Anaya tras el primer derribo, aunque el proyecto definitivo lo entorpecen las casas de la célebre «Corneja», doña Teresa de Zúñiga y Cornejo, el edificio de Palominos, 2, propiedad de don Agustín Bullón de la Torre, adquiere entrada por la calle de la Rúa 55.

A las 7 de la tarde del 23 de agosto de 1885 abre sus puertas el nuevo café «Oporto», cuyo dueño, el señor Blasco, que vive en la Plaza Mayor, 38, 2º, obsequia a los clientes con exquisitos helados, tés, cafés, vinos y licores. El antiguo café «Oporto» fue decorado y amueblado por la casa de Luis Huebra, (fundada en 1840), la vajilla era de porcelana de Sevres y el servicio de metal blanco fue suministrado por Anselmo Pérez Moneo, quien también aportó una magnífica farola, obra de arte salida de las manos del inteligente y socio industrial Gumersindo Moro. Todos estos bienes fueron subastados en noviembre de 1898 en la calle de Serranos, 24, junto al almacén de maderas de Urbano.

Arrienda el piso principal en noviembre de 1885, dándose en él conciertos de música clásica, café-teatro con representaciones de ópera y zarzuela y los dos pisos superiores se dedican a Casino. Por iniciativa del señor Huebra (D. A.) se convoca una reunión para constituir la Sociedad «Casino Ibérico», que tendrá su asiento en la planta principal, también decorada por el Sr. Huebra. Se había solicitado mobiliario austriaco, pero se anula el pedido ante la importación que ha hecho la casa Huebra de muebles con nuevos modelos desde Viena. Es un espléndido salón dotado de 11 espejos de exquisito gusto, lujosos divanes y bonitos candelabros y arañas, aparte de vistosas colgaduras y estupendos bronces, nombrándose una Junta organizadora del mismo, que se suscribirá a las mejores revistas y periódicos, se abrirá a la captación de jóvenes socios y facilitará a los hijos de los socios los estudios gratuitos de música, francés y teneduría de libros. El baile de inauguración se celebra el día 8 de setiembre con una orquesta dirigida por el maestro Arista, que se prolonga hasta altas horas de la madrugada y la juventud desea la celebración del segundo baile en breve.

Nacen animadas tertulias literarias semanales, con intermedios musicales dirigidos por el maestro Gilabert, cuya alma es el escritor Ramón Barco, destacando la celebrada como homenaje a Cervantes. También se dan conciertos de música clásica.

El dueño del edificio manda desalojar en noviembre de 1886 a la Sociedad del «Casino Ibérico» y se instalan en los locales salones de billar y tresillo que se ponen en arrendamiento y en enero de 1887 llama la atención diariamente en sus salones de billar el bonito juego del «Barrás», nuevo por estos lares.

En el café tienen éxito las actuaciones de cante flamenco todas las noches, de 8:30 a 11:30, siendo tal la concurrencia que es imposible encontrar asiento, hasta el punto de necesitar el auxilio de agentes municipales y de orden público, que se sitúan a las puertas, para evitar cualquier atropello. Las noches en que se celebra «tertulia literaria» se suspende la de «flamenco». Debido a los excesos producidos, tanto dentro como fuera del local, el Gobernador Civil prohibe las sesiones de flamenco en este Café y en el de «La Nueva Iberia» el 18/05/1885. En mayo de 1887 son repuestas las citadas sesiones con un «cantaor» conocido y una nueva «cantaora», pero es tal el declive del género que se encuentra ya próxima su desaparición.

En enero de 1888 se representan las obras: «Un mozo crúo», «De Vicálvaro a la luna» y «El goloso y la golosa».

El 3 de agosto de 1888 se celebra un concierto vocal e instrumental con el siguiente programa: Luces y sombras.- Lobos marinos.- Pascual Bailón.- A la Patti.- La Tempestad.- Sueños de oro e intermedios de violín y coro y el día 6 se da un concierto extraordinario.

Traspasado por el Sr. Blasco, dada su precaria salud, se cierra el 2 de julio de 1890 y a los pocos días es reinaugurado como café «Restaurante de la Universidad» por Marcelino Chapado, que viene de ser cocinero en el «Hotel de las Cuatro Estaciones».

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