El miércoles pasado (20-IX-2023) se presentó en el Ateneo de Madrid el último libro de Alfonso Guerra, La rosa y las espinas, que les recomiendo. Con este motivo tanto el presentador, Felipe González, como el autor del libro se expresaron en torno a la situación política que estamos atravesando de la mano de Sánchez y sus compadres del Frankenstein. Se centraron en lo que se refiere a la entrega de las llaves del reino a un tipo como Puigdemont, apuntando esas críticas en la ya anunciada amnistía a favor de los golpistas catalanes.
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El periódico El País dedicó dos páginas al hecho, primero narrándolo con pretendida 'ironía crítica' contra los dos veteranos y luego buscando otros veteranos que se declaran sanchistas, cuyas opiniones los periodistas Lourdes Lucio y José Marcos resumían así:
«Dolor, desgarro, tristeza y hasta ganas de llorar. Ese es el sentimiento que les provocan a un buen puñado de veteranos dirigentes del PSOE las posiciones contrarias de Felipe González y Alfonso Guerra al rumbo que marca el secretario general del partido y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en uno de los momentos más complicados para enjaretar acuerdos que permitan otro Gobierno de coalición de izquierdas. Y no solo por eso, sino sobre todo porque entienden que ambos «se han prestado al juego del aquelarre del PP».
¿A qué «coalición de izquierdas» pertenecen los separatistas catalanes y el PNV? ¿Desde cuándo han sido de izquierdas los herederos del racismo vasco o catalán? ¿Cómo pueden ser definidos como izquierda quienes están en contra de la igualdad entre los españoles y contra la Constitución?
Luis Yáñez declaró allí: «yo creo que lo que tienen [González y Guerra] es un ataque de celos tremendo con Pedro Sánchez porque no les llama o no les consulta». Con que es eso lo que les mueve, y no la entrega al separatismo.
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Por otra parte, Enrique Barón dijo: «Respeto pero no comparto las críticas de Felipe y Alfonso. Esta es otra hora y le corresponde a otra gente, la historia no acaba con nosotros, la historia sigue». Y yo me pregunto si esa historia que sigue que va a construir Sánchez de la mano de Puigdemont no es una historia que avanza, sino que retrocede.
La cosa no va de jóvenes ni de viejos y sí de lealtades democráticas, no de lealtades a Sánchez.
En fin, también dan pena los jóvenes periodistas que se prestan a estos juegos sectarios y, como Xosé Hermida, hacen una crónica «graciosa y despectiva» hacia dos figuras políticas y humanas como han sido y son González y Guerra.
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