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DESDE MI BARRIO

Medicina y dependencia

Se habla de cuidarse y al tiempo de técnicas que los propios médicos rechazan por su falta de rigor

Lunes, 23 de septiembre 2024, 05:10

La medicina es un ámbito tan amplio como complejo. Influye de manera decisiva en la vida de la gente: cumple una función social y forma parte de su futuro, siempre que las autoridades correspondientes destinen los recursos necesarios para que se puedan seguir desarrollando programas de investigación con que desvelar todas aquellas lagunas existentes en la lucha contra enfermedades que aun van por delante de la ciencia. Nunca seremos inmortales. O eso creo. La vida tiene sentido en tanto que su fin es seguro, aunque incierto, por más que luchemos mentalmente contra él, convirtiéndolo en tabú. Tal vez por eso la salud sigue creciendo como negocio, apoyado en la idea socialmente extendida de llevar una vida sana. Eso redunda en servicios como los gimnasios, los nutricionistas, los complementos alimenticios de todo tipo o, en paralelo, el incremento de la medicina estética, cuya nueva ley parece querer poner orden ante tanto desmán, que ha provocado incluso muertes en los últimos años. Lo cierto es que se están entremezclando peligrosamente los conceptos de salud y perfección. Se habla de cuidarse, que es más que razonable, y al tiempo de técnicas que los propios médicos rechazan por su falta de rigor y por las consecuencias dañinas que provocan. Aun así, siguen enraizándose en la sociedad expandidas, como no, por las redes sociales.

Esas inversiones en investigación tienen que venir acompañadas por el implemento de ayudas a las familias, hasta que se consigan los avances en la cura de esas dolencias que incapacitan a las personas. Salamanca ha sido el escenario del congreso de neurociencia MMN-2024, que ha convocado a especialistas de muchos lugares del mundo. Coinciden en que es fundamental seguir investigando y también en que los ciudadanos debemos corresponder donando a la ciencia nuestros cerebros para los estudios necesarios. Es sabido que el funcionamiento del cerebro no puede estudiarse en toda su extensión en vida, puede que ni más allá. Igualmente, habrá que intentarlo, porque, si no, la ciencia no tendrá la materia prima básica. Ahora bien, entretanto, hay que paliar las consecuencias que las enfermedades neurodegenerativas provocan en las familias. Estas forman parte de otras tantas cuestiones que no parecen preocupar a los gobernantes. No suponen una mayoría, que es lo único que les mueve. Un Alzheimer, un ELA u otras muchas, llámense raras o como se quiera, destrozan las vidas de los enfermos y sus entornos, desprovistos de atención y de ayudas económicas y materiales mínimas. El dolor de ver a un padre, madre, hermana, pareja o hijo, morir en vida no parece suficiente. Se aplica el abandono social como tercera vía de sufrimiento. Eso sí, partidas de dudoso valor recorren la Administración con alegría. Y migajas para las asociaciones, a lo Pilatos.

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