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Los oráculos me han hablado de nuevo. Las elecciones municipales no son las generales e igualmente nos sorprenderemos de los resultados del 26 de mayo. ... Me he quedado como usted, pero así son los augurios: hay que interpretarlos desde que se clausuraron los estudios de la Cueva de Salamanca. Y no es por llevarles la contraria, pero es lógico que algo de lo ocurrido el domingo repercuta en los resultados de las locales, que sin duda nos sorprenderán. Está siendo un año sorprendente y también de pérdidas irrecuperables: la última, la de Eugenio García Zarza. Una vez más hay que recordarle a quien corresponda que no estamos en condiciones de perder sabios y menos de los que saben de despoblación. Eugenio, sobre este tema, recordaba el bucle permanente que va de la pérdida de población a la pérdida de servicios, como una de sus consecuencias, y a la despoblación, como consecuencia de la desaparición de servicios. ¿La solución? Casi imposible, pero dignificar el mundo rural sería parte de ella. Recuperar patrimonio, reorganizar a la población, mejorar sus comunicaciones y servicios, fomentar su repoblación... Hay escritos suyos que ya alertaban hace años del vaciado poblacional de Salamanca. Escritos y libros que hacen que de alguna forma siga entre nosotros, aunque se le echará de menos, por ejemplo, cuando nos reunamos para el concurso de relatos de este diario o en las reuniones del Centro de Estudios Salmantinos.
De ese mundo rural vaciado salieron los “limones”, la popular ensalada atribuida a la Sierra y muy parecida a otra alpujarreña. La mezcla de naranjas y limones la hacían compatible con los rigores de la cuaresma, y el añadido de chorizo hizo de ella un buen detector de judíos. Los “limones” pascuales eran una fiesta con su huevo, carne asada o chorizo, aliñado con los cítricos, con piñones, incluso. Espléndidos los del Mirasierra de los Maíllo, en Mogarraz, y hoy, 1º de Mayo, fiesta de un trabajo cada vez más precario, los “limones” mandan en el campo bejarano y protagonizan salidas de amigos y familias, como los hornazos lo hicieron el Lunes de Aguas, que ha vuelto a ser una fiesta de estudiantes, con miles de ellos junto al Tormes, entre puentes. Al lado de un río que tuvo su protagonismo en el mito y en el que se reflejaban unos “ahorcados” que recordaban sobre todo a crímenes en el México más violento del narcotráfico. Ejecuciones los llaman. Los colgaron del Enrique Estevan activistas de la Plataforma Abolicionista, que aspira, como todos, a que la prostitución desaparezca, y considera a la fiesta del Lunes de Aguas una tradición que exalta la misoginia y el patriarcado. Mean fuera del tiesto. Lo único que exalta esta fiesta es al hornazo, la amistad y la primavera, y no estoy dispuesto a renunciar a nada de ello, ni creo que nadie deba pedir perdón por aquella Casa de la Mancebía en el Teso de la Feria y sus circunstancias hace más de quinientos años, un asunto de los Reyes Católicos y su hijo, el Príncipe Juan.
Va por Pepita Mena, me dijo un eufórico socialista horas después de la victoria. Mena, histórica dirigente vecinal de San José, concejala y senadora, nos dejó también. Fue una de las mantenedoras de la costumbre de hacer y compartir un arroz popular en el Barrio de San José en este día de San José Obrero. Fiesta también en su homólogo chacinero, San José Obrero, de Guijuelo, y en Ciudad Jardín, Chamberí, Villoria, Ivanrey, Horcajo Medianero... mientras avanzamos a la feria bejarana, la del queso de Hinojosa, la Alimentaria de Macotera y la Santa Cruz, para empezar. A Eugenio le gustará que haya mencionado estos asuntos.
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