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Aquella pegatina en los coches de “Salamanca, arte, saber y toros” podría haber incluido al wolframio. Aquel mineral era el jamón de nuestros días. Hizo ... rica a mucha gente, que comerciaba a la vez y sin escrúpulos con alemanes e ingleses, que lo necesitaban para ganar la II Guerra Mundial. La novela “Tierra brava”, de José Luis Martín Vigil, alude a ello en algún momento del relato de Don Galo. El “wólfram”, hoy, vuelve a estar de actualidad por el aniversario de su inclusión en la Tabla Periódica de Elementos, el regreso de su explotación minera y unas jornadas que tratan de lo anterior en la Facultad de Ciencias Químicas a las que me ha invitado su decano, David Díez, a pesar de saber muy bien que soy de letras. Muy de letras. El “wólfram” fue muy celebrado también en el “Chino” y tendré que hablar de ello. El wolframio de hoy es el jamón y uno de sus sumos sacerdotes, José Gómez, Joselito, recibe la Medalla de Oro de la Cámara de Comercio. Hablamos de un mito de la chacinería y la gastronomía internacional, que se mantiene en todo lo alto en este tiempo de mitos caídos. Ana María Carabias, investigadora de extraordinaria solvencia, ha dejado tambaleando la mítica de Luisa de Medrano y Beatriz Galindo, La Latina, referencias femeninas universitarias históricas, cuyos medallones placeros propuestos, ay, han quedado en la cuerda floja.

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lagacetadesalamanca El “wólfram”