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Malos tiempos para los ofertorios tradicionales a las devociones de cada pueblo tan populares estos días. La sequía nos ha dejado casi sin cosecha y ... por lo tanto sin pan, roscas o rosquillas. Las lentejas son del año pasado. Las ovejas y cabras están a la altura de la baratija. Las multinacionales de la leche quieren recibirla gratis. Las vacas y terneras se encuentran en entredicho por el cambio climático. Y ya veremos el vino: entramos en las semanas decisivas de la vendimia. Este sábado hay fiesta del vino con batalla de vino en Sotoserrano, me ha contado su alcalde, Sebastián Requejo, y no sé si estamos para tirarlo. Con el pan no se juega, me decían de niño y creo que, con el vino, tampoco, y menos desde la Última Cena. Vamos a ver, entonces, qué llevamos al ofertorio de la Virgen. Quizás peras, que la temporada viene espléndida. Peras que protagonizan el ritual de su reparto en la ermita armuñesa del Viso igual que protagonizan bodegones desde los tiempos de Santa Teresa de Jesús hasta ahora. Las peras del olmo, de Octavio Paz, y las peras imposibles de sumar con manzanas, según la tesis de Ana Botella. Lo de partir peras casi mejor no lo tocamos porque no hay mucho acuerdo ni entre los académicos.
En el museo carmelitano de Alba de Tormes se expone una insignia episcopal de Narciso Martínez Izquierdo, obispo de Salamanca entre 1875 y 1885, y responsable de que los salmantinos no celebremos este jueves y cada 15 de agosto a la Patrona, la Virgen de la Vega. En 1882 decidió cambiar su fiesta en la Asunción (15 de agosto) y trasladarla a la de la Natividad de la Virgen (8 de septiembre). Y aquí estamos. Aunque en algún momento el 15 de agosto los bomberos colocaban la Mariseca antes de que se ubicara en el día de Santiago, como ocurre en nuestros días. Martínez Izquierdo, aquel obispo culto y bien plantado, que asistió en su lecho de muerte a Alfonso XII y fue senador y diputado, murió a consecuencia de unos disparos del cura Cayetano Galeote en Madrid, al que había apartado de sus funciones por su mala vida. Fue una venganza y un acto de enajenación, y se salvó del garrote vil de milagro. Me pregunto qué le contaría a Benito Pérez Galdós, cuando este le visitó en la prisión. La Iglesia, que lo tiene todo calculado, sitúa el nacimiento de María el 8 de septiembre, o sea, nueve meses después de su inmaculada concepción, el 8 de diciembre. El 8 de septiembre tengo registradas casi una veintena de celebraciones marianas en la provincia, incluyendo la capitalina Virgen de la Vega, que también cuenta con su ofertorio floral; pero este jueves es mucho jueves, de esos que relucen más que el sol, aunque estemos en el agosto que enfría el rostro, pero también hiela en ánimo leyendo a expertos que ya hablan de recesión. Y sin Gobierno. Un jueves con mil y una propuestas, incluida una que me ha llenado de intriga: en Vallejera de Riofrío: ofertan una noche de risas sin dar más explicaciones. Da que pensar.
Habrá que esmerarse en un ofertorio digno y echar mano de la imaginación. En Medinilla, entre Béjar y Barco de Ávila, expone un artesano que reproduce panes o embutidos que maravillan por su realismo. No se trata de dar gato por liebre sino salir del paso en estos tiempos de escasez por sequía y ruina. Se llama Jesús González, por cierto, y es capaz también de tallar la Torre Eiffel en la mina de un lapicero, por ejemplo. A veces, los caseríos del interior, de la España vaciada y vacía te dan estas sorpresas.
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