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El Centro Cultural Hispano Japonés me parece una joya para mimar. Un pasillo que nos lleva a Japón y nos trae de allá gente amable, ... educada, de curiosidad insaciable, tranquila, que ha sabido combinar naturaleza y tecnología con normalidad. Cumple estos días veinte años y muestra una exposición de fotografías que recuerdan el paso de la familia imperial por Salamanca, por la que sus miembros sienten, dice Katsuyuki Tanaka, un cariño especial. El otro día explicó que solo hay en el mundo una sala con el nombre de la emperatriz Michiko, que el emperador acude a los actos relacionados con la Universidad de Salamanca, de la que habla maravillas, y la casa imperial nipona trata al rector como alguien muy especial. Tanaka preside una asociación hispanojaponesa que gestó, de cierta manera, el centro. En una de las imágenes de la exposición se ve al emperador Akihito firmando con solemnidad en la Biblioteca de la Universidad de Salamanca y transmitiendo algo especial. Su reinado, y con ello una era, termina estos días; es una de las causas de la exposición. Pregunté al embajador japonés Masachi Mizukami, cómo está viviendo el pueblo japonés este momento de cambio y me dijo con la expectación de quien asiste a un cambio de era, aunque hoy los emperadores no son aquellas figuras divinas de entonces. Recordé entonces la emoción registrada en los japoneses residentes en Salamanca al ver a sus emperadores tan cerca. Había algo de admiración y reverencia hacia ellos.

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