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Es muy probable que cuando lea estas líneas la imagen de Santa Teresa de Jesús haya salido de su clausura y esté expuesta para presidir ... las fiestas de su transverberación, que son a la vez fiestas de verano y pregón que anuncia las de octubre, las mayores de Alba de Tormes, que ha recuperado a Concepción Miguélez de alcaldesa, una teresiana de libro. Toma el relevo a las de San Bartolomé, que es el patrono de curtidores y en general de quienes trabajan en el cuero, que no de quienes trabajan en cueros, que es otro negociado. Murió desollado, el pobre, de ahí que exhiba un cuchillo en sus manos en algunas de las procesiones que salieron ayer. Debió ser santo principal en nuestras tenerías, donde Fernando de Rojas sitúa la cueva de Celestina, y así se cita en su novela, dejando muy claro que la acción se desarrolla en Salamanca. Ya lo era entre una parte del alumnado salmantino, alojado en el Colegio de San Bartolomé bajo la protección, nada menos que de los Anaya, obispos, que no los industriales albenses. De él salieron los influyentes bartolomicos de la España del Siglo de Oro. El colegio ha llegado a nuestros días y está situado por la zona del Campus después de un tiempo en la desembocadura de Serranos, más allá de la casa de Burrieza, edificio que se remodela como aulario de enseñanza del español entre otras funciones, que nos eleven en el ránking universitario de Shanghai. El “Bartolo” ha sido un ilustre de la vida universitaria salmantina igual que lo fueron los locales de hostelería que abrió a lo largo de su vida profesional Bartolo, que es como se le conoció siempre en el gremio. Felicidades un año más.
De los históricos del cuero en Salamanca permanece Rodero, que abre la calle Meléndez, de la que se ha ido otro histórico, pero de los libros, Mario Martín, que se jubila, y su librería, Víctor Jara, ha pasado a otro domicilio cercano. Julio García es otro histórico del patronazgo de San Bartolomé como lo fueron en otro tiempo Justel o Juanes, en el Corrillo. Los curtidos y tenerías salmantinos tuvieron enorme prestigio –Miguel de Lis era empresario del gremio—y sus fábricas estaban situadas entre la Peña Celestina y la Puerta de San Pablo, como puede verse, por ejemplo, en alguna fotografía de Cándido Ansede. Cerca del agua, como las fábricas de luz –Carlos Luna también tuvo relación con los curtidos—los molinos y las lavanderas. La Salamanca industrial siempre ha tenido una dependencia especial del Tormes. El cuero, el curtido, era necesario en el día a día de nuestra ganadería como lo eran en general las velas, que tienen su callejón entre Meléndez y San Benito y su fiesta en Béjar, donde se han inventado una noche en vela y han dejado a dos velas a la Universidad de Salamanca sin distinción municipal por una decisión de los populares de aquella ciudad muy difícil de compartir. Lo menos que se puede decir es que los populares bejaranos parecen estar atacados de los nervios después de perder la alcaldía.
Así pues, Alba de Tormes irrumpe en el panorama festero de agosto con sus verbenas y citas taurinas. Alba alfarera, de peces fritos y exquisita pastelería, en la que no faltan los bartolos, y la plaza castellana más mediterránea de centro peninsular. Celebraciones de agosto que han tenido su fiesta de la tortilla de patata a los pies de la ermita de Hornillos, en Arabayona, capital patatera salmantina, justo cuando una tortilla aparece como responsable de nuestros casos de salmonella. Manda huevos.
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