Averiguados
Sábado, 26 de junio 2021, 05:00
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Sábado, 26 de junio 2021, 05:00
Lo cual que estaba yo en el monte - pastor de mis soledades, como Garfias -, y enceté el último libro de Lorenzo Silva, “Castellano”, por aquello ... de que va de los Comuneros de Castilla. Lo presentó ayer en Segovia. Desde mi castellanía sin castillo, me andaba aún por las primeras páginas, “Los atisbos”, cuando el celebrado escritor anota: “Fui a la tierra de mis ancestros salmantinos. Incluso al pequeño pueblo, Sanchón de la Sagrada, donde vivieron y se conocieron mis abuelos” (pequeño, sí, 39 empadronados). Tiré de teléfono y pregunté a mi “corresponsal” en La Sagrada, Manolín, por si conocía esa familia de aquella comarca de la Huebra. “Tú llama al alcalde de Sanchón - me contestó -, que es muy averiguado”. ¿¡Comooorrr...!?, le pregunté al estilo Chiquito de la Calzada. Pues eso, me aclaró con naturalidad, que lo averigua todo, que se lo sabe todo. Tenía razón Manolín, Antonio Manuel Martín, que por algo lleva cuarenta años siendo alcalde, me atendió muy cortésmente. Quedan parientes lejanos de Silva, pero no queda ni una sola cabra en el contorno, como las que el escritor cuenta que un tío de su madre guardaba.
O sea, que ya saben ustedes por qué hoy he puesto por título “Averiguados”. Me ha gustado y no preciso de más pretextos. Pero es que, además, no está en el DRAE, ni siquiera en el dialectal Lamano, y sin embargo se emplea hoy en el corazón del campo charro. Es de una expresividad incomparable. ¿Se puede decir mejor? Gente que averigua, verifica, atesora saberes. ¡Boina!, coño, para ellos, los desparpajados, que sí recogió Lamano (“listo, resuelto”), que lamentablemente cohabitan con cazurros, soplapitos, muchos abducidos por la farsa política y gandules usuales, incapaces de abrir un libro o navegar por Internet, esa inagotable enciclopedia. Papanatas, que en mi pueblo llaman avicáncanos. Y votan.
¿Dónde voy a parar? Pues a que, en esta tierra nuestra, hoy en pavorosa despoblación, hubo y hay mucho talento, que precisa añadidura, el sudor de la frente, que nos viene advertido desde el Génesis. El esfuerzo, de lo que los actuales pedagogos quieren liberar a los nenes patrios, no vaya a ser que se hernien y haya que distribuir bragueros en la Seguridad Social. El único estudiante de Castilla y León que ha logrado un 10 en el examen para la Universidad (EBAU), el salmantino Jaime Rodríguez Sánchez Tabernero, del Maestro Ávila, dijo en estas páginas que había empleado nueve horas diarias en su preparación (que vienen a ser las mismas durante las que se rasca las pelotas nuestro ministro de Universidades). El muchacho, como decimos por aquí, saca casta, casta de la buena, porque uno conoce a los padres y trató mucho con sus abuelos maternos, y da fe del talento de su linaje. Pero además codos, muchos codos, señora ministra de Educación, que quieren ustedes hacer tortilla sin huevos, y “aprobar” con suspensos, tiecojó, en vez de fomentar la instrucción de lo que se dijo toda la vida de dios, “hombres – y mujeres -, de provecho”.
LA GACETA ha publicado también esta semana una entrevista con Rodrigo Cortés – en Salamanca hasta los 32 años -, por el que uno tiene debilidad. Le dijo a Begoña F. Orive que “de Salamanca tengo el carácter estoico y la ausencia de queja”. Acaba de publicar otro libro, “Los años extraordinarios”, que no solo he encentado, sino que consumo estos días con pasión, porque ese puñetero gamberro de Cortés posee un ingenio extraordinario, descubierto hace mucho por otros más expertos que uno, y me hace reír y sonreír. En la ficción es Jaime, nacido en Salamanca cuando aún no tenía mar. Sí, ¡mar! “Piedra y frío, Salamanca era, como ahora, una ciudad absorta”. El protagonista sostiene - coña marinera -, que leer el periódico con retraso, varios días después, da perspectiva; y que los diarios no debían devolverse, sino subir de precio hasta hacerlos prohibitivos y con ello nuevamente atractivos. Y así todo, con retranca gallega.
Pero si nos dejamos de ficción, en este diario ha aparecido también recientemente, otra realidad “salmantina” digna de encomio, a la que nadie ha regalado nada. La ya consagrada Araceli Mangas, ledesmina, y abreviando, catedrática de Derecho Internacional de la Complutense y académica de Ciencias Morales y Políticas, entre otros prestigiosos quehaceres. Ha obtenido una nueva distinción, el Premio “Pelayo”, como jurista de reconocido prestigio, por su vocación hacia el Derecho Humanitario.
Con qué gusto escribe uno de personas ejemplares, y no de los “ejemplares” políticos que nos desgobiernan. De esta tierra procede mucho talento que acaba haciéndose notable, pero bregando. De este póker de averiguados, por sus envidiables edades, seguirán ustedes oyendo hablar muchos años.
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