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El alcalde de Salamanca, Carlos García Carbayo, reveló en la inauguración del recuerdo a Gonzalo Sendín cuánto le entretenían las aceitunas de la ... histórica casa de comidas, y me trajo a la memoria que a los obreros que levantaban la Plaza Mayor les daban vino y aceitunas en el aniversario del inicio de las obras. Muchos de ellos tendrían el rostro aceituno del trabajo a la intemperie, como los gitanos que unos pasos más abajo exponían su mercancía entre el Gran Hotel y el Mercado de Abastos, o se rompían la garganta y el alma cantando en la Covachuela. El Gran Hotel era el alojamiento oficial de muchas figuras de la revista o los toros, que caían en Salamanca en los días de Feria, y algunos recalaban en el Mesón de Gonzalo a tomar el aperitivo (vermú y aceitunas) antes de sentarse a comer, si no lo habían tomado antes en el Gran Hotel. Pongamos que un Dry Martini con su preceptiva aceituna verde. Orson Welles lo haría, probablemente, cuando estuvo aquí. El alcalde no fue el único que asistió al acto, ni mucho menos; allí había médicos y empresarios bien conocidos, gentes del toro, como Santiago Martín, El Viti, Pedro Gutiérrez Moya y su mujer, Carmen Lorenzo, Juan Ignacio Pérez Tabernero, Mateo Carreño, e ilustres representantes institucionales, como la consejera Josefa García, el presidente de la Diputación, Javier Iglesias, o el delegado de la Junta, Bienvenido Mena. Y Alfonso Fernández Mañueco, reconocido madridista, como Gonzalo. Porque Gonzalo era hombre de hostelería, toros y fútbol. Hasta la buena de Pauli, la del Río de la Plata, se acercó a dar un beso al niño que vio crecer y hoy es el sucesor de un renovado Mesón, reconvertido en Mesón de Gonzalo. Dice el refranero de la aceituna, que una es oro, dos plata y la tercera mata. Bueno, pues algunos deberían estar criando malvas por su afición desde hace tiempo.
Creo sinceramente que a Fernando Mayoral se le olvidó colocar un plato de aceitunas en la mesa donde Churriguera y el Conde de Francos extienden los planos de la Plaza Mayor, a pocos metros de la lápida que recuerda la razón por la que esa plaza del Gran Hotel y del Mesón está dedicada a José Iglesias, Poeta Iglesias, al que imagino un punto celosillo al ver cuánta figura ilustre comparte con él la fama en esta plaza. Ahora, Gonzalo Sendín, cuyo retrato ya forma parte de ella entre dos célebres casas de comidas, en un espacio bien surtido de locales en los que se come bien y se bebe mejor. Cuánto me alegro de los triunfos y reconocimientos de Almudena Alberca, nuestra master wine internacional, bendecida ahora por el Museo Provincial del Vino de Valladolid.
Por esa plaza del Mesón, Gran Hotel, del poeta Iglesias y los artífices de la Plaza Mayor, por ejemplo, sube y baja el Nazareno de San Julián cada año por estas fechas de Semana Santa, avanzadas hace unas horas por Abraham Coco en un pregón cofrade, escrito y locutado por un periodista cofrade, que llegó con intensidad al corazón de los cofrades salmantinos como muy pocos pregoneros lo han hecho. Hoy comienza todo, Coco, y ya ves, con una mujer atravesada por puñales y un Cristo extraído del cementerio, como siempre, y un Huerto de Olivos y aceitunas preparado para la Pasión. Ya lo dijiste, la Semana Santa es un tiempo de recuerdos.
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