MARTA ROBLES
Martes, 24 de septiembre 2013, 06:45
Ayer fue el día internacional contra la trata. Por si alguien aún no lo sabe, la trata es la esclavitud del siglo XXI. La que padecen infinidad de mujeres en todo el mundo, cada vez más jóvenes, y cuyas vidas cada vez valen menos. Sus ansias de salir de la pobreza, de acceder a un mundo que les permita salvar a sus familias y salvarse a ellas mismas de esa miseria que les va cerrando la vida, poco a poco, las aboca a un universo despiadado de prostitución y malos tratos, al que llegan generalmente engañadas. ¡Es tan fácil alimentar las esperanzas de los que no tienen nada! Muchas mujeres salen de los diferentes puntos del globo en los que viven hacia otros destinos donde, supuestamente, tendrán un trabajo con el que ayudar a los suyos y salir adelante. Las prometen tantas cosas que ni siquiera son capaces de dudar ante unas perspectivas tan halagüeñas. Trabajos de modelos, de actrices o incluso de limpiadoras, pero con buenos sueldos, papeles oficiales, comodidades y protección. Abandonan sus países sonriendo y sin saber cuántas lágrimas les esperan a su llegada. Aterrizan en una realidad inhóspita en la que no cabe legalidad ninguna.Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA
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