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El pasado viernes Álex Caramelo, el pichichi de esta temporada en el Salamanca UDS con cinco tantos, recibió el mejor regalo de cumpleaños (30) posible: «Puedes volver a jugar». El extremo albinegro ya se había perdido un cuarto de la Liga de Segunda Federación por unas molestias en el tobillo que, traicioneramente, le han estado yendo y viniendo desde el pasado 8 de diciembre; lo que parecía que era para una semana han acabado siendo seis partidos KO.
«Ha sido difícil de gestionar emocionalmente, porque al no tener un plazo de vuelta fijo...», analiza tras haber disputado este domingo en el Helmántico sus primeros 24 minutos de este año 2025. «Las sensaciones fueron inmejorables a nivel personal, otra cosa es el resultado y lo que pasó para el equipo en el campo... Pero para mí han quedado atrás esas dos recaídas, que han sido por pura mala suerte y porque el tobillo no estaba bien del todo. Después de parar este mes largo, que es algo que me acabaron recomendado los médicos y especialistas, me he sentido muy cómodo. Es verdad que me veo algo falto de ritmo después de estar tanto tiempo parado, pero eso sabemos cómo arreglarlo», describe en primera persona su retorno el jugador salmantino.
«Después de probarme durante la semana vi que estaba. Sinceramente no tuve dudas porque uno en su fuero interno sabe cuándo está: ni yo ni nadie puede decirle a su cuerpo técnico que está listo y no estar al cien por cien. No estaría bien como compañero hacer eso, me encontré al cien por cien recuperado de la lesión y vimos que era una semana propicia para volver, por ser en casa y porque teníamos muchas bajas arriba por las sanciones. Intenté ayudar al equipo todo lo que pude, pero a la vista está que no nos salió como queríamos», esgrime Caramelo, antes de abrirse en canal.
¿Hubo algún momento en el que la desesperación le pudiera? «Sinceramente, hubo una semana, la del partido del Guijuelo —el partido se disputó el 26 de enero en el Helmántico, 1-1 en el marcador—, en la que pensaba que ya estaba. Me puse las botas para correr y en la primera vuelta noté como me volvía a doler el tobillo. Fue durísimo, muy duro. Sobre todo, porque nunca, por suerte, he tenido lesiones de este tipo y... Esta ha sido la segunda más larga que he pasado, hablando de problemas de ligamentos o de huesos», se sincera el extremo salmantino, que revela un detalle clave en el túnel en el que se vio metido: «El trago fue tan grande que decidí encerrarme en mí mismo, le quité los datos al móvil para así no saber nada de nadie. Me chocó bastante esa situación de desmorone en una sola vuelta, cuando parecía que todo iba bien», afirma.
Pese a querer aislarse del mundo, no le fue del todo posible. No tenía datos, pero sí cobertura en el móvil: «En esos días oscuros estuvieron 'Manolín' —Manuel Vicente, el fisio del club— y Sofi —Sofía Cuadrado, responsable junto a su padre de los servicios médicos de la entidad blanquinegra—. Me han dado mucho cariño, sobre todo después de ese minuto de carrera en el que tobillo no me respondía... Luego también han estado mis amigos, que directamente al ver que no me llegaban los WhatsApp me llamaron para ver qué pasaba. Las lesiones son personales y cada uno las vive como mejor puede, yo quise vivirlo solo, pero me han demostrado que hay gente que te responde y está a tu lado».
Dado el portazo a la lesión, Caramelo está obsesionado con volver al tono físico que tenía antes del parón abrupto: «Las lesiones siempre se dicen que llegan en el peor momento, pero es que justo ahí creo que me estaba haciendo fuerte en el once; me encontraba en una buena forma y mi ilusión es volver a ese nivel y ayudar al equipo de la mejor manera posible. Sabéis que soy muy autoexigente y quiero llegar ya a tener fondo; hasta que cuelgue las botas seré así, es mi forma de ser».
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