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Ha pasado casi un mes desde que la tranquilidad en el Perfumerías Avenida estalló por los aires. Con la salida de Carlos Méndez del primer plano, Jorge Recio, que reconoce haberlo pasado “muy mal”, tomó el control absoluto y ya está empeñado en revertir la situación y que el equipo vuelva a aspirar a todo”.
Ya han pasado unas semanas de la crisis que vivió el club. ¿Está más tranquilo?
—Poco a poco se van solucionando las cosas. Tenemos a la fisioterapeuta y hemos podido realizar el que creo que es un gran fichaje y no vamos a parar. Vamos a seguir intentando mejorar el equipo. Y sí, estoy más tranquilo. Fue todo demasiado convulso en una semana. Una vez que llegó el equipo de Schio hablé con Roberto (Íñiguez) y nos planteamos una ruta de presente y de futuro y la estamos desarrollando.
¿Ha cambiado mucho su día a día ahora que tiene que estar al mando de todo?
—Bastante. No olvidemos que toda esta labor la hacía Carlos Méndez, después me llamaba y tomábamos las decisiones. Ahora me toca todo a mí y lleva su tiempo. Los temas deportivos los hablo con Roberto y el resto los voy solucionando. Lo que me está quitando es tiempo y en las primeras semanas me llevé muchos dolores de cabeza.
¿Hay algo que le esté costando más o le haya sorprendido?
—La teoría me la sabía, pero nunca la había ejecutado. Tener los teléfonos de los representantes, llamar a todos, mandarles mensajes, estar al tanto de cuando aparece una jugadora y empezar a negociar... Al final es una rutina y en la empresa estoy acostumbrado a hacer estas negociaciones. En el baloncesto antes tomaba la decisión y ahora hago todo el camino. Después del primer fichaje, quieras o no, queda uno satisfecho y ves que puedes tirar con todo.
¿Se puede ser en un club como el Avenida el presidente y a la vez el director ejecutivo?
—Tengo la suerte, empezando por Roberto y la gente del staff, y la de oficinas con Esther, de que me están ayudando mucho, estoy muy respaldado y se lo agradezco mucho. Siempre me gusta, para equivocarme menos, hablar con todo el mundo, y a partir de ahí tomar las decisiones como he hecho toda la vida. Como dice Roberto, mi presencia física en el pabellón está siendo más habitual de lo que ha sido durante los 21 años que llevo aquí. Y me gusta venir a ver al equipo y hablar con ellos. Y además quiero que sea en el pabellón, no que me vengan a ver a mí. Creo que tengo que tener más acto de presencia y lo saco del poco tiempo que pueda o no tener.
Echando la vista atrás, ¿por qué se llegó a esa situación?
—Me sorprendió que pasara, pero en la vida se aprende. Parecía imposible, porque no tenía mucho sentido seguir sin estar a mi lado Carlos Méndez, al cual agradezco todo el trabajo de estos años, y me pilló muy de sorpresa. Todo se fue complicando y teníamos que velar por la continuidad del club. Estábamos más o menos de acuerdo y llegó un momento en el que se rompió. Carlos me dijo que lo mejor era dejarlo y le pedí que esperara, pero también entiendo como amigo mío que es que podía estar bastante quemado y cansado. Si en aquel momento pliego las velas hubiera sido mucho peor. Pensé: esto tiene que seguir. Fueron momentos muy duros y estaba algo decepcionado, pero nuestra relación a nivel personal sigue siendo igual. Y ahora es un reto más en mi vida. Espero que la gente sepa valorarlo porque requiere esfuerzo y tiempo.
¿Cómo lo ha pasado de mal?
—Muy mal. Había tres partes y está claro que dos no lo han pasado nada bien, pero yo no lo he pasado menos mal que ellos. Y lo que más me fastidió una vez que todo se encauzó y que la parte positiva era que todo seguía adelante y yo iba a tirar del carro, es que algunos medios no le han dado importancia. Lo importante era solo la polémica de lo que dice uno y el otro. Creo que todos tendríamos que estar orgullosos de este equipo y de lo que se hace en esta ciudad, y mirar al futuro.
En su momento dijo que el día que no estuviera Carlos Méndez lo dejaría, pero ha cogido el toro por los cuernos. ¿Puede estar la gente tranquila con el futuro del club?
—Lo dije cuando hablé por primera vez. En este caso la ilusión me venía por obligación porque tengo que estar. Ilusionado no estaba, desde luego, pero en la vida hemos tenido palos más largos en nuestra empresa. Hemos pasado por un incendio que se nos fue la empresa a pique, cuando murieron nuestro padre y nuestra madre.... pero siempre hemos sabido dar el callo. Este era un proyecto de familia para los salmantinos. Tenía que dar el callo al 1.000% porque esto no puede venirse abajo. Ya va para un mes y le estoy cogiendo otra vez el gusanillo. Hay que reconstruir el equipo, porque está claro que todos hemos hecho cosas mal en la planificación de esta temporada. Yo ya tengo olvidado lo que pasó en esa triste semana en la que todos perdimos un poco los papeles.
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