Martes, 15 de diciembre 2020, 22:43
La hija de Mari Mar Yáñez necesitaba una ortodoncia en 2017. El precio del procedimiento ascendía a 2.800 euros, por lo que decidió financiarlo. “Acabé de pagar los plazos en mayo y ahora me encuentro que la clínica ha cerrado y que a ella aún le quedan dos años de tratamiento”, lamenta la mujer. Necesita revisiones periódicas y renovación de algunas de las piezas del aparato, por lo que ya ha mirado otras clínicas. “Una me ha dado 2.000 euros de presupuesto y otra 2.500 euros”, asegura. Son cifras que tendrá que asumir si no quiere que el proceso de su hija se quede a medias.
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“Hasta el último día nos decían que nos iban a atender, que tenían material y que no iban a cerrar, pero no fue así”, se queja Mari Mar, que meses antes ya no se fiaba de que la compañía estuviera en condiciones económicas de continuar su actividad. Ha presentado una queja en la Oficina Municipal de Información al Consumidor contra Dentix y contra la financiera, ya que ha pagado un tratamiento completo y no se ha finalizado.
También ha enviado su reclamación a la empresa concursal de Dentix. “Cuatro hojas rellenas, más fotocopias del préstamo, de los presupuestos y de las fechas. No sé si servirá de algo, pero yo hago todo lo que me dicen”, confiesa la mujer con cierta resignación. Ahora tiene esperanzas de recuperar el dinero abonado a la financiera por el tratamiento que no ha recibido. “A otra afectada de la plataforma ya se lo han devuelto”, confía.
Carlos es otro afectado salmantino que inició el tratamiento en la clínica de la calle Toro, pero luego lo continuó en Igualada. “En la segunda visita me sacaron los dientes de arriba y nada más, piezas sanas. Me rompieron el hueso de la encía por varias partes porque empezaron a sacar dientes así como así”. Recuerda que le decían que tenía la encía blanca por una infección “y era el hueso”. En marzo la clínica no abrió para atender urgencias y conoció que los trabajadores no cobraban. “Dejé de pagar las cuotas porque vi el panorama feo”, señala el afectado, que logró cancelar su contrato tras pagar solo 500 euros de los 7.000 comprometidos. “Me da igual perder ese dinero, porque era una carnicería. Hay mucha gente que no sabe cómo actuar y me da pena”.
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