A diferencia de los hermanos de la “Universitaria”, los políticos no han hecho promesa de silencio y en muchos casos ni la luz ni la ... sabiduría les atraviesa la inteligencia. Es más, la incontinencia verbal de los candidatos es agotadora. El lunes, el de Vox, Víctor González, nos fulminó con un poema sobre la marcha, en el que repetía machaconamente “España” y remataba con éxtasis final que me recordó a otros tiempos. Porque tengo edad para recordarlos. Menos mal que poco después la sosegada reflexión de las siete palabras de Cristo en la cruz llevó cierta tranquilidad a mi desasosiego, no ajeno al incendio de Notre Dame.
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Ardía Nuestra Señora y ardía todo París, como cantaba Ana Belén: “arde París y en tu piel se para el tiempo”. Ana también cantaba a una España que era camisa blanca de su esperanza, pero no recuerdo que la canción estuviese de ambiente antes de las actuaciones de la cubana voxeraRocío Monasterio y “el que se presenta por el sitio este”. Sí, sonaron Manolo Escobar y Cecilia, por ejemplo. Lauren Risueño, cantante, rapsoda y cronista “farinato”, que fue telonero de Manolo Escobar en Salamanca, esa tarde de lunes también cantó en la iglesia de San Juan de Sahagún como parte de su reflexión de las Siete Palabras. Fue emocionante. Volvamos al mitin: antes de que salieran al atril los candidatos, pregunté a alguien de la organización por el orden de las intervenciones y describió al candidato salmantino que intervenía como “el que se presenta por el sitio este”. Un sitio, este, con dos catedrales, dos universidades, patrimonio de la humanidad y nido donde nacieron iniciativas que los intervinientes elogiaron después, arrimando las ascuas a su sardina. Mientras, Nôtre Dame era una ascua y se convertía en pavesas que oscurecían el cielo de París, nuestra rival en la capitalidad de la luz. En la Isle de la Cité, Víctor Hugo y su Jorobado lloraban sin consuelo, y Sylvia Bech se ocultaba el rostro delante de su librería, Shakespeare and Company, donde era costumbre adquirir el “Ulises” de James Joyce o “París era una fiesta”, de Hemingway, o brindar por los tiempos de Gertrude Stein. El incendio parisino quizás nos cambie el modo de ver nuestro conjunto catedralicio.
Pero ajena a la política hay una Pasión que se representa. Esta tarde, un flagelado sale a la calle amarrado a la columna. Es una de las tallas cenitales de la Semana Santa junto a la Piedad, también de Carmona, Luis Salvador Carmona. Xavier Picaza, en San Juan de Sahagún, con su característico acento, que no pierde a pesar de los años, recordó una escultura de Juan de Anchieta, paisano suyo, en la que el Padre tiene en sus brazos al Hijo muerto. Una Piedad invertida. Pero así fue, Padre, en tus manos encomiendo tu espíritu, dijo el crucificado antes de morir, en su agonía, según las Escrituras. Antes hubo una Pasión, que representa muy bien el Flagelado, que inaugura con el Cristo de la Agonía, icono de la muerte, los titulados días grandes de la Semana Santa. En las próximas horas hay una puerta que se abre para que unos salgan y otros entren. ¿Se mantendrán silenciosos los candidatos estos días, como en una tregua? No lo sabemos. Los tambores y cornetas harán su labor, pero también el silencio, que es una forma de hablar.
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