Cada Noche de las Libélulas se me aparecen los espíritus del señor y la señora Poiret y me convencen de que su cuadro, el que ... les pintó Eduardo García Benito, se hizo para la Casa Lis y que su paso por la familia Fontaneda fue accidental. Los Poiret son puro decó, esencia de modernismo, como la voz de Victoria Mesonero y el piano de Chema Corvo son la combinación perfecta para el bar de un hotel elegante, clásico, o un club canalla. O para la sala principal de la Casa Lis en noche de fiesta, como fue el caso. Faltaron los tiros largos de época, pero a cambio muchos asistentes llevaron la libélula. Invitados que recordaron aquellos tiempos duros en los que Josechu Morán y Fernando Saldaña dieron la cara por todos nosotros. Ahí nació la asociación de Amigos de la Casa Lis, que organiza la Noche de las Libélulas, los jueves culturales, viajes... Los Fausto Cabezas, María Jesús Alonso, Manuel Therón y los Santos, Justi, Noelia, José, Inmaculada, Isabel, Romualdo, Pilar, Rafa, Silverio, Santiago... Entre las autoridades de la última noche estuvieron Cristina Klimowitz, Almudena Parres y José Luis Mateos. Estuvo Jesús Málaga, también. Con Mateos coincidí en la cena del Cecale de Oro, que este año fue para la Fundación Hospital Santísima Trinidad, que preside Jesús García, uno de los notarios más taurinos que conozco. En los prolegómenos tuvimos la imagen de Carlos García Carbayo, José Luis Mateos y Ana Suárez juntos. Suárez confesó que había dejado kilo y medio en la campaña, un kilo y medio que no le sobraba así que encara una “Operación Bikini” que consiste en recuperarlo. Puede que sea la envidia de la campaña de preparativos para la playa y la piscina. No los va a recuperar esta semana, seguro, porque se espera agitada de cara a la constitución del Ayuntamiento el sábado que viene. Mateos y García Carbayo también han perdido peso y se nota en las caras más afiladas y en los perfiles, aunque quizá se le note menos al socialista, flaco ya de por sí. Abandoné la cena cerca de la una de la madrugada, cuando se anunciaba un espectáculo. Lo lamenté, pero este sábado tenía cita con el rugby y claro... A pesar de lo cual pude comprobar la saturación de las calles salmantinas, con los últimos rezagados del congreso de Mapfre y los recién llegados para las graduaciones de este sábado. Sábado en el que ha vuelto a temblar la tierra con los tamborileros de la Encarnación, como avisando de este domingo de romerías del que ya advertí el pasado viernes.
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La Virgen de la Encarnación es patrona del Arrabal, barrio castigado por las aguas del Tormes hasta hace bien poco, escenario de ferias ganaderas y caserío en el que estuvo la legendaria Casa de las Mancebía. Hoy es el barrio del Parador.
Tengo la impresión de que los Poiret, que presiden los discursos y reconocimientos en la Noche de las Libélulas hubiesen inspirado a Chicho Ibáñez Serrador alguna de las suyas, también a Agustina Bessa-Luís, gran dama de las letras portuguesas, de madre salmantina, he leído, o alguna serie protagonizada por Álvaro Mel, salmantino, como “La otra mirada”. Álvaro García Sierra, no era un nombre comercial, y que me perdone mi amigo Carlos García Sierra. El obituario de la semana nos deja la marcha de Faustino Prieto, un paisano tras su puro, gran conocedor del cerdo y artífices de muchas matanzas e ideas. Fue un porquero de oro. Lo siento.
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