La Pascua son hornazos y los hornazos son huevos. O lo eran. Lo dice nuestro Diccionario de la Lengua Española, que sigue sin ampliar con ... nuestro hornazo la definición clásica, que es la de mona. En Fuenterroble se recogen hoy docenas de huevos para ofrecérselos mañana, Lunes de Pascua, al Cristo del Socorro. Los mismos que tenían los hornazos serranos, citados en el blog de Isidro Barcala, recopilador de tradiciones e impresiones albercanas: “Prefiero hablar del hornazo, el bandujo, que sea graso, les mandaré las recetas, las de tu madre o mi abuela. Eso está bien, ya cuela”. Celebrará el bueno de José Luis Puerto su Premio Castilla y León de las Letras con hornazo y buen vino. O quizá con una “merced de Dios”, o sea, dos huevos fritos con torreznos, ahora que ha terminado la cuaresma. Pintemos y rodemos huevos, hagamos con ellos vinagreta y echémoslos a los limones serranos. Pongamos a prueba a un cocinero pidiéndole unos huevos fritos para ver qué pasa este día de la Comunidad, de libros y comuneros. Cómo echaré de menos este año la carta anual de José Almeida recordándome que el representado en el monumento a Maldonado, el comunero Francisco Maldonado, no era neurólogo sino nefrólogo. Si sabré yo lo que es un nefrólogo. Y además cordobés, como su colega Miguel Ferrer. A su tertulia de médicos se ha unido hace poco Manolo Benito. La relación entre los médicos y los huevos nunca ha sido fácil y las consecuencias las hemos pagado los demás incrementando el pastillero.

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Los huevos en Pascua son tan importantes como los curas y los hombres del tiempo en Semana Santa. Se salvó el Viernes Santo, menos mal. Ya podemos meter en su funda a Bach, Berlioz, Pergolesi, Haydn o Vivaldi y dejar a Haendel para abrir la Pascua y saludar a los libros. Guardemos los misales y desempolvemos las novelas y poemarios. La Plaza Mayor, que es sala de estar y sobre todo de esperar, aguarda al Día del Libro con la reedición de “Las armas y las letras”, de Andrés Trapiello, que tantos elogios vierte hacia Unamuno, y lo nuevo de Antonio Colinas, que escribe de María Zambrano, que hacía filosofía desde la poesía. Estarán por la feria lo nuevo de Juan Manuel de Prada, Peridis, Natividad Ortiz, Ignacio Martín, José María Muñoz Quirós, Xaro Cortés, Domingo Villar, Yolanda Izard, Raquel Millán...quienes estuvieron hace poco por aquí. Que vuelvan los libros a la Plaza Mayor me parece siempre una buena noticia. Se les espera. También el Día del Libro es buena ocasión para releer a Ida Vitale, que tanto quiere a Salamanca, Premio Cervantes. Los políticos se dan mucha importancia, creen que todos hemos estado pendientes de su debate sobre el debate y en realidad los que nos importaba de verdad era lo que decían los hombres del tiempo y los maestros de la liturgia, igual que estos días vivíamos atentos a la cruz y lo importante se encontraba en el sepulcro vacío. Me pregunto si coincidirán los partes del tiempo con la tradición que relaciona a libros en la Plaza Mayor con lluvia.

Es día de preparar los huevos y los hornazos, la torta en Tamames, el Judas de Sotoserrano para mofarse de él y el equipamiento de romerías –Cantagallo o Yecla de Yeltes—o de meriendas, como en Villarino, el pueblo de José Miguel-Ullán, escritor y exiliado, del que se van a cumplir diez años de su marcha. Vuelven los políticos tras guardarse el último paso y comenzar a hornearse los hornazos de Pascua. Pronto saldrán ellas de su retiro y volverán a la Mancebía tras pasar las aguas del Tormes y escuchar en la catedral otro intento de sacarlas del vicio.

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