En Argentina se celebra hoy el Día del Investigador, que en España es, como se sabe, una especie en vía de extinción. En Salamanca, los ... últimos investigadores andan repartidos en guaridas como el Instituto de Neurociencias, el Hospital Clínico, el Centro de Investigación del Cáncer, el edificio I+D+I o departamentos universitarios diseminados por las universidades. A pesar de su escasez y talento no tienen la consideración de especie protegida y todo apunta a su desaparición o emigración a ecosistemas menos hostiles. Nos lamentaremos, entonces, pero estaremos contentos haber cumplido con aquella máxima de que investiguen ellos. Nunca tuve claro quiénes eran “ellos” pero sospecho que son otros y están lejos de España. También el investigador es una especie maltratada, y no por furtivos, sino por los propios cuidadores, como demuestra el hecho de que el Gobierno de España haya destinado a investigación solo la mitad de lo presupuestado, un asunto del que, por cierto, no se está diciendo nada en la campaña electoral, que tantos temas importantes concita, aunque ahora no me acuerde de ninguno. Les ponemos trampas. A mí, todo esto que le pasa a los investigadores, me da una pena horrible porque suelen ser personas jóvenes, con un talento que nunca tendré, con humor, ganas de ayudar y quedarse en casa, pero, ya ve, despreciamos sus capacidades, les entristecemos, evitamos que nos ayuden y les abrimos la puerta para que se vayan. Adiós, y no os olvidéis de escribir para contar qué tal os va. Ya digo, una pena, extraordinaria. Cuando eso ocurra, que se vayan, España y Salamanca serán más pobres, económica y culturalmente, y la tristeza se extenderá como una sombra de pena y oscuridad, bajo la cual, eso sí, seguiremos discutiendo de asuntos trascendentales, que ahora no se me ocurren.
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Si desaparece la investigación será como privarnos de las maravillosas voces de María del Monte, Inmaculada Vara, Daniel Valderrey o Daniel Estévez, solistas del monumental concierto catedralicio del domingo, que incluyó el Miserere de Doyagüe. Dejarnos sin las voces de coros como el Ciudad de Salamanca o el Francisco de Salinas, que actuaron esa tarde y llenaron la Catedral de emoción y música, como Iberdrola la ha llenado de luz. Los sonetos de Francisco Mena en el sobrecogedor Poeta ante la Cruz, leídos por Ferreira Cunquero, cabalgaron sobre las voces de sopranos, contraltos, tenores... Escondernos, por ejemplo, los versos de Fray Luis de León, interpretados por el conocimiento de Víctor García de la Concha, que se repone de una arritmia y se quedó por ello sin un homenaje americano, aunque el que le hizo Vargas Llosa en “El País” este fin de semana no fue chico. García de la Concha publica libro sobre poesía mística. Aviso. En fin, laminar la investigación es privarnos de conocer de qué va la vida, que no es un asunto menor. Y si en algún momento, alguien de los suyos tiene la tentación de ser investigador y se empeña en ello, sepa que es seguro que no lo tendrá cerca mucho tiempo. Hágase el pasaporte y consulte vuelos low cost para ir a verle.
P.D. Va a ser muy emocionante el recuerdo al bueno de Gonzalo Sendín con un vítor permanente en su Mesón. Un vítor al doctor en servicio hostelero y amistad. Enorme salmantino. Extraordinaria persona.
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