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MARTA ROBLES
Martes, 20 de agosto 2013, 06:45
En los últimos años han cambiado tanto las recomendaciones sobre los alimentos, que los consumidores estamos hechos un lío. Igual que el aceite de oliva pasó de ser un producto denostado a puro oro líquido, otros tantos de nuestros alimentos más considerados se han convertido en auténticos venenos para los expertos del sector. Más allá de las propias grasas saturadas de las carnes rojas, que supuestamente tendríamos que consumir con exquisita moderación o de las grasas trans que viajan en el interior de la nociva bollería industrial y cuya ingesta se debería reducir al máximo, sino anular por completo, hay otros productos más que habituales que están en entredicho. Entre ellos el azúcar (antes excelsamente valorado por ser uno de los "motores del cerebro" y últimamente intensamente repudiado por su "cualidad", de alimentar a las células cancerígenas.) y la leche. Respecto a los lácteos, cada vez hay menos división de opiniones y pese a los intentos de los diversos lobbys de productores de ocultar las últimas investigaciones, las marcas, sabedoras del problema, se encargan de ofrecer sus artículos cada vez con menos cosas naturales (sin su lactosa, por ejemplo, que tantas alergias produce) y con más cosas añadidas (como vitamina C o un aporte suplementario de calcio.Lea el artículo completo en la edición impresa de LA GACETA
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